Relato porno Una tarde en un hotel de mala muerte. xxx

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Una tarde en un hotel de mala muerte.

Categoría: Gay Comentarios: 0 Visto: 5703 veces

Ajustar texto: + - Publicado el 01/09/2016, por: toniblue

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Iniciando el año 2007 en pleno día de reyes, seguí navegando por la web tratando de encontrar a alguien con quien hablar un rato. Fue así como me topé en un chat para personas lgbt de mi país, a Pedro, un hombre de la misma ciudad a la que pertenezco, que decía estar en sus 40 años.

En esta sala de chat no podías ver a la persona con la que hablabas, no obstante él me dio su número telefónico y me propuso que nos viéramos al día siguiente en la plaza central de nuestra ciudad.

Al otro día, fui a encontrarme con Pedro; antes de llegar al lugar le envié un mensaje de texto indicándole la ropa que ese día estaba usando. Al llegar ahí, no había nadie más que él; recuerdo que me hizo algunas señas al reconocerme y divisé un hombre de muy buen ver, cada que me acercaba más podía verlo mejor. Era un hombre delgado, muy bien conservado, con algo de canas a los costados de su rostro y poseía una cara amable y de rasgos masculinos, una delicia que desde ese momento ya se me antojaba.

Nos dirigimos a un bar donde van sólo tipos a hacer alarde de su masculinidad, bebiendo y jugando billar. Tomamos una cerveza y en medio de una plática un tanto aburrida me confesó que había tenido una esposa con la que tenía dos hijos. Siguió hablando acerca de temas que no me interesaban, hasta que me propuso finalmente ir a un hotel cercano para que estuviéramos a solas.

Yo dudé un poco, no porque no quisiera hacerlo, sino porque el hotel que proponía era lo más barato y de mala fama que había en mi pequeña ciudad, ubicado en una calle frecuentada por borrachos, personas de dudosa reputación y prostitutas baratas. Después de meditarlo un poco y teniendo en cuenta que no había gente en las calles que pudiera vernos entrar a ese lugar, decidí ir con él. Acordamos que él entraría primero y yo unos minutos más tarde, para así evitar que nos vieran ingresar juntos y ser juzgados por ser dos hombres entrando a un sitio así.

Esperé cinco minutos cerca del hotel mientras Pedro se instalaba en una de las habitaciones. Al cabo de ese lapso de tiempo, recibí un mensaje de texto donde el hombre de 40 años me indicaba la habitación donde se encontraba.

A la entrada del hotel había un hombre mayor que me miró con cierta sorpresa, imagino que era por mi corta edad; le indiqué la habitación que buscaba y me orientó a que caminara por un pasillo que teníamos en frente y buscara el cuarto. Empecé a mirar a ambos lados del corredor y vi una puerta abierta al lado izquierdo donde estaba un hombre de raza negra sobre una cama cortándose las uñas y en ropa interior. Continué caminando y en una de las recamaras del lado derecho del pasillo pude ver a Pedro a través de la puerta medio abierta esperándome.

Al pasar, recuerdo que lo único que me dijo fue: “está bien el sitio para pasar el rato, no?”. Yo contesté que sí, que al menos estaba limpio.

Inmediatamente, empezó a quitarse la camisa, tenía un torso tonificado, se veía muy bien, así que procedí a hacer lo mismo, me quité mi camiseta y me acerqué a él. Pedro se recostó contra la pared y empezamos a besarnos, sentí un sabor agrio y un leve olor a cigarrillo, pero esto no fue impedimento para que me dejara llevar por sus besos.

Bajó sus pantalones y luego sus calzoncillos, dejó salir su pito de unos 18 o 19 centímetros, grueso, con unos cortos vellos en el pubis; era una imagen perfecta la que tenía frente a mis ojos, me puse de rodillas, tomé su poronga con mi mano y la introduje en mi boca. Inicié chupeteando su glande, moviendo mi lengua subiendo y bajando, subiendo y bajando. Lamí también sus huevos, oscuros y con pelos cortos a medio crecer que raspaban exquisitamente mi lengua. Estuve haciéndole sexo oral unos minutos, después de que se tendió en la cama lamí a los costados de sus genitales, de nuevo su polla, sus bolas y quise recordar lo que era lengüetear el recto de alguien, así que me dispuse a levantar un poco sus piernas y relamer desde sus cojones hasta el hoyo de su culo. Entre lamida y lamida me percaté de que a Pedro le encantaba lo que yo estaba haciéndole, tanto, que estuve unos buenos minutos pasando mi lengua por toda su zona anal.

Tomó un condón y abrió mis piernas, intentó meter la punta de su polla y con algo de trabajo logró entrar un poco, pero una vez más el dolor y ardor aparecieron, entonces dejé que sólo introdujera su glande. Tras unos minutos, Pedro sacó su pene, retiró el preservativo y me pidió que mejor continuara dándole una mamada.

Me acosté en la cama, y empezó a meterme su trozo de carne en la boca, entraba y salía una y otra vez, estaba penetrándome de esa manera, alzaba el tronco de su miembro para que le chupara el escroto, luego abrió sus nalgas y me puso su trasero en la cara, lamí, lamí y lamí, tanto que sentía que se me desencajaría la mandíbula de lo mucho que probé su ano.

Lo empujé levemente para que se acostara y me dejara descansar un poco, se recostó en la cama mirando al techo y seguí practicándole una buena tanda de mamadas, mientras tanto yo empecé a jalármela hasta derramar mi esperma en las sabanas de nuestro lecho de pasión. Supe que era el turno de Pedro, quería verlo eyacular, así que masturbándolo y chupándoselo hice que él segregara dentro de mi boca, pensé probar de lleno el sabor de ese líquido pero debido a su textura y fuerte olor, sin que se diera cuenta escupí la sustancia. En ese momento no me sentía listo para hacer esto.

Nos vestimos y acordamos salir uno primero y después el otro. Desgraciadamente, salí unos minutos después de él y tuve la incomodidad de ver el rostro burlesco del recepcionista de ese pequeño hotel; junto a ese hombre estaba otro señor y ambos se echaron a reír cuando yo estaba saliendo de ese sitio. Salí muy rápido de ahí con la cara agachada, caminé un poco y vi que Pedro me esperaba en una esquina. Nos despedimos y me dijo que podía llamarlo nuevamente para ponernos de acuerdo y fijar otro encuentro; sin embargo, ese encuentro nunca se dio.

Unos años después volví a coincidir con él en otro sitio virtual para citas pero no pasó absolutamente nada más entre los dos. Fue un encuentro fugaz pero satisfactorio, espero que para ambos.

 

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