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Una noche de sexo

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Ajustar texto: + - Publicado el 20/11/2013, por: admin

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Soy Iván, tengo 36 años y hace algo más de 10 años que estoy casado con Sara, ella ha cumplido los 35 recientemente, vivimos en una pequeña ciudad de provincia en el norte de España, tenemos dos hijos, uno de 8 años y el otro de 4. Mi historia comenzó en realidad hace 7 años, allá por el mes de Junio, en las piscinas municipales. Ella se llama Elena y es de la misma edad de Sara, también está casada y su marido es David. Al ser de una ciudad pequeña ya nos conocíamos de vista, pero fue a raíz de tener los hijos de la misma edad, cuando empezamos a relacionarnos con ellos de una forma casi habitual.

Durante todo el verano los dos matrimonios hicimos amistad y nos convertimos en casi inseparables, así mismo, comenzamos a juntarnos con los amigos de Elena y David y en alguna ocasión también llegamos a salir los fines de semana con ellos.

Cuando conocía a Elena realmente no me llamó mucho la atención, no me sentí especialmente atraído por ella, a pesar de ser atractiva, la verdad es que me sentía más atraído por alguna de sus amigas más llamativas… había alguna a la que les gustaba jugar con fuego y eso siempre resultaba morboso para un hombre… Elena no era de esas, no es de las que les va vacilar con los tíos y seguramente por eso, nunca formó parte de mis sueños eróticos.

Recuerdo una frase que escuche hace años en la película «El Silencio de los Corderos», su protagonista Aníbal Lecter, en su peculiar juego con Claris, le dice, «Deseamos lo que vemos, lo que día a día tenemos cerca», fue una frase que me hizo pensar, la verdad es que no podía estar más en lo cierto… si las personas pudiéramos pedir a un mago imaginario, que  nos dejara poder tener a alguien, si por arte de magia pudiéramos tener a quien nosotros quisiéramos, la primera opción no sería el famoso, actriz o cantante de turno, por mucho que la mayoría piense que sí, creo que en un gran porcentaje de los casos elegiríamos a alguien cercano… esa chica o chico al que vemos día a día, por quien nos sentimos atraídos secretamente y a quien nunca jamás nos atreveríamos a decir nada por miedo. Algo así fue lo que a mí me sucedió…

Hace 4 años Sara y yo tuvimos nuestro segundo hijo, durante un tiempo y debido a que Sara tenía que dedicar más tiempo al bebé, comencé a pasar muchas más horas con Elena, Sara se ocupaba del bebe y yo era el encargado de acompañar a las actividades extraescolares al mayor. Los dos coincidían en el mismo equipo así que de la noche a la mañana comencé a compartir innumerables horas de espera con Elena. Poco a poco y sin apenas percatarme, comencé a verla de una forma diferente… poco a poco comencé a necesitar de su compañía… comencé a sentirme más y más a gusto a su lado y conforme pasaron los días, aquellas sensaciones se tornaron en deseo… Elena comenzó a formar parte de mis sueños eróticos, a menudo imaginaba que teníamos un encuentro secreto en su casa, imaginaba que ella también sentía lo mismo y mis pensamientos volaban y volaban… mientras la imaginaba haciéndome una maravillosa mamada, la imaginaba a cuatro patas mientras la penetraba una y otra vez, me encantaban sus caderas, y no había un solo día que no apareciera en mis sueños, haciendo el amor de una y mil formas.

Me hubiera gustado conocer sus sentimientos, a menudo intentaba adivinar que pasaba por su mente, indagaba en sus gestos, adivinar en sus palabras, algo que me diera una pista, esa pista que me pudiera confirmar si ella le pasaba lo mismo que a mí. Hubiera dado todo por saber cuáles eran sus deseos y anhelos, hubiera dado lo que fuera por saber si yo estaba también es sus sueños más íntimos…

En alguna ocasión le habría lanzado alguna indirecta, me hubiera gustado decirle algo… pero yo no soy así, la verdad es que me cuesta muchísimo tirarme a la piscina, seguramente por miedo a que esté vacía, así que los días iban pasando, sin ser capaz de arriesgar en lo más mínimo.

Otro de los grandes motivos de no intentar nada, aparte de mi vergüenza, era David, era un buen tío y había muy buen feeling entre los dos, intentar algo con su mujer no solo suponía mentir a Sara, también suponía mentirle a él.

Recuerdo que en cierta ocasión, tuvieron una boda y dejaron a su hijo mayor durante todo el día con nosotros, una vez que la boda hubo terminado, acudieron a nuestra casa a recogerlo, Elena llevaba su larga melena negra suelta, un vestido negro con faldita corta muy ceñido y zapato de tacón alto del mismo color que el vestido. La verdad es que durante todo el tiempo que estuvieron en casa no pude dejar de apartar la mirada de su culo marcado a través del vestido, se adivinaban perfectamente sus curvas y no pude evitar tener una erección espectacular… me volvían loco la forma de sus caderas, eran un poco más pronunciadas que las de Sara, pero con forme había ido cumpliendo años, habían empezado a gustarme las mujeres con un cuerpo bien marcado… cuando esa noche se fueron Sara me dijo.

-Voy a ir a por la fregona…

-¿Que vas a limpiar?

-Voy a darle un fregado al salón, lo has dejado todo lleno de babas…

No supe que decir, en un principio quise protestar, pero me imagino que había sido tan evidente que lo mejor era no decir nada, seguramente cualquier cosa que dijera no haría sino empeorar las cosas. El comentario de Sara me hizo que pensar, si ella se había percatado, seguramente Elena también lo habría hecho y si así fuera, ¿cómo se sentiría ella? Sentirse deseada, ¿sería algo que la excitaría? Quiero pensar que sí, al fin y al cabo nadie es de piedra…

Después de casi 15 años con Sara, habíamos llegado a un nivel de complicidad máximo, solo con ver mis gestos, podía saber que pensaba en cada momento y a mí me sucedía lo mismo con ella. Ese nivel de complicidad también se cumplía en la cama, yo sabía en cada momento lo que a Sara la ponía cachonda y ella conocía lo que a mí me gustaba, aunque todo hay que decir que, muchos de mis deseos nunca los había cumplido…

Sara y Elena son de formas similares, la misma estatura 1,65 aproximadamente, pesaran unos 53 kilos, Sara es morena de pelo liso al igual que Elena, la diferencia es que Elena lleva el pelo largo y mi mujer tiene media melena, Sara es de grandes ojos verdes y Elena oscuros, aunque la diferencia más significativa es que, Elena tiene un poco más pronunciadas las caderas, unas formas que yo definiría como más salvaje, los pechos son más pequeños que los de Sara, que a pesar de haber sido madre un par de veces, todavía conserva unos preciosos pechos que mi palma, no es capaz de abarcar por completo, aunque tienen una ligera caída fruto de la gravedad, siguen siendo muy bonitos

Aquella misma noche hicimos el amor, yo seguía manteniendo el recuerdo del culo de Elena en mi mente, cuando me follaba a Sara, era el culo de Elena el que veía, hacía tiempo que solía dejar una luz tenue en la habitación, eso me ayudaba a imaginar, me ayudaba a pensar en Elena mientras me lo montaba con Sara. Aquella noche seguía manteniendo el calentón… Sara lo sabía pero no dijo nada, se entregó como siempre, fue ella misma la que se colocó al estilo perrito para mí. Ella sabía que aquella posición me daba un morbo especial, me gusta no solo por toda la carga morbosa que supone en si la posición, sino por tener la posibilidad de imaginar, imaginar que era otra con quien estaba…

Era una visión maravillosa no pude resistir la tentación de hundir mis labios en su sexo, mi lengua comenzó a juguetear con sus labios y a la vez que se colaba en su vagina sin apenas resistencia, mis labios se impregnaron de sus fluidos y comencé a saborearlos, su respiración en ese instante comenzó a acelerarse… aquella noche por el motivo que fuera Sara estaba como loca, sus caderas se movían al compás de mi lengua y tras unos minutos, la respiración se había tornado en gemidos ahogados que no podía dejar de emitir una y otra vez.

Sin darme cuenta había olvidado a Elena, en esta ocasión me había concentrado en Sara, siempre he pensado que no hay nada más excitante en el mundo que los ojos de una mujer perdiendo el control al llegar al clímax, me encanta cuando se mueve intentando aplacar el deseo al compás de mis caricias, cuando gime, cuando su cuerpo la traiciona y no lo puede controlar…

Mi pene estaba a punto de reventar, necesitaba hacerla mía… me incorporé y la sujete por las caderas, observe su culito, la verdad es que es precioso, durante unos segundos permanecí cerca de ella sujetándola por las caderas pero sin penetrarla, haciéndole sufrir… sus caderas se movían en círculos, en el lenguaje corporal que solo el deseo entiende, intentando recibir lo antes posible mis embestidas…

-¡Hazme el amor! Lo necesito… por favor…

Mientras, la punta de mi polla comienza a rozar sus labios vaginales, lo movía en círculos recorriendo cada centímetro de su coñito, rozándolo muy despacio hasta llegar a su clítoris, volviendo a repetir los movimientos mientras mi capullo se abría paso entre sus labios mayores y se impregnaba de sus fluidos vaginales…

-Fóllame cariño no aguanto más…¡¡¡ fóllame!!!

Su voz entrecortada es una pura súplica, verla así hace que me vuelva loco, hace que pierda el control de mí mismo… me coloqué en posición y de una fuerte embestida la penetré por completo, sus manos se aferraron fuertemente a las sábanas, se pudo escuchar en la habitación un gemido que salió de lo más hondo de Sara. Tras esa primera vez me detuve por completo, mis movimientos se detuvieron mientras estaba dentro de ella, quería que suplicara, es algo que me vuelve loco, me encanta cuando se olvida de su habitual formalidad y me suplica, pero esta vez no hay suplicas, es ella la que se mueve, es ella la que con un ligero movimiento de caderas consigue introducir una y otra vez en su interior mi polla, es ella la que me está follando a mí en realidad y la verdad… ¡me encanta!

Sara se acomoda dejando en pompa su culito y recostándose sobre la cama, mientras abandono mi posición de estatua pasiva y me recuesto sobre ella hasta llegar a acariciar sus tetas, me pone a mil sentir el movimiento de sus pechos generosos al compás de cada sacudida, me encanta acariciarlos con ligeras presiones, pellizcar dulcemente los pezones duros y tersos…

La siento apunto… si no fuera porque es ella la que se mueve, hace tiempo que yo no habría podido resistirlo y me hubiera ido, mis manos se trasladan a través de su cuerpo y llegan a su coñito, mi dedo corazón comienza a rozar su clítoris y eso hace que vuelva a gemir por enésima vez… Sara acerca su mano a la mía, colocándola sobre mis dedos que en ese instante están acariciando su hinchado punto de placer y presiona sobre mis dedos como si no fuera bastante para aplacar el deseo.

– No aguanto más… sigue tu fóllame tu ahora…

– Por favor cariño… no me hagas sufrir….

Es en ese momento cuando sujeto fuertemente sus caderas y me incorporo, comienzo a moverme acompasadamente mientras mi polla entra en ella como el cuchillo en la mantequilla, nuestros gemidos se entrelazan en la habitación, se mezclan con el ruido de mi cuerpo golpeando una y otra vez contra su culo, con cada choque un nuevo gemido… Sara ha dejado de moverse y se ha entregado a mí, ahora son mis embestidas las que la golpean con fuerza, las que la están haciendo gemir como una autentica loca…

– Ahh, ahhhhh

– No pares sigue….

– Me corro, me corro….

Sus manos se aferran con fuerza al almohadón, mientras todo el cuerpo comienza a moverse con pequeñas convulsiones, verla así hizo que no aguantara más, la sujeté fuertemente por las caderas y comencé a sentir como llegaba a un punto de no retorno, mis gemidos se mezclaron con los suyos y varios chorros de semen salieron de mí, llenando su pequeña cavidad. El clímax duró unos instantes maravillosos en el que los dos perdimos la noción del tiempo, después quedamos rendidos uno junto al otro hasta quedar dormidos.

A la mañana siguiente desperté y la sentí junto a mi desnuda, me acerque y me puse tras de ella, al escuchar su respiración, me vino a la cabeza la noche anterior, me preguntaba a que había sido debido aquel cambio en Sara. Por lo general solía ser bastante comedida a la hora de practicar el sexo, no digo que no fuera satisfactorio… pero pienso que en alguna ocasión me hubiera gustado que fuera más lanzada y se dejara llevar por lo que su cuerpo la pidiera, independientemente de si es algo políticamente correcto o no, no sé si me explico… la verdad es que aquella noche había sentido un cambio, no sabía a qué era debido pero a mí me gustaba.

Aquella pregunta me estuvo rondando por la cabeza durante aquella mañana, la verdad, es que sentía curiosidad por saber que había podido pasar por la mente de Sara la noche pasada, pero al cabo de unas horas volví a recordar a Elena… como me hubiera gustado que fuera ella a la que le hubiera hecho el amor la noche pasada! La verdad sea dicha, quería a Sara, siempre la había querido y creo que siempre la querré… pero deseaba con todo mi corazón poder saborear los labios del pecado, deseaba saborear los labios de Elena, me moría por sentir sus caricias, por saber cómo olía, como gemía… Qué razón tiene la gran Sabina cuando dice que; «hasta los huesos solo calan los besos que no has dado, los labios del pecado». Lo prohibido siempre ha tenido y tendrá un morbo especial que no se puede comparar con nada.

El verano pasó rápidamente y todo continuó como siempre, seguí coincidiendo con Elena en cada una de las actividades extraescolares que realizaban nuestros hijos, como siempre pasamos multitud de horas muertas de espera y como siempre seguí preguntándome, si a ella le pasaría algo semejante de lo que a mí me sucedía, intentaba adivinar en sus gestos y palabras algo que la delatara, algo que me hiciera albergar la esperanza de un día poder tenerla… la verdad es que no había nada que me dijera esperanzas, ella siempre era de lo más políticamente correcta en todo lo que se refería a nuestra relación, aunque también tengo que decir que mi trato hacia ella era igual de correcto, por lo que seguramente ella podría estar pensando lo mismo que yo.

Hay algo que me llama la atención sobre todo en muchas mujeres casadas, creo que es muy común en ellas cuando se sienten atraídas por alguien conocido, hacen lo imposible para no delatarse, ignorándolo en todo momento, haciendo buena la frase que dice que «menos es más»

Las Navidades llegaron y varios padres que habíamos hecho amistad quedamos para salir el día de Noche Vieja, los niños se iban a quedar con mis padres y nosotros teníamos toda la noche, lo mejor de todo era que no íbamos a tener la necesidad de tener que despertarnos temprano al día siguiente. David y Elena habían quedado con sus amigos y no vinieron con nosotros, nos comentaron que si nos veían se tomarían algo con nosotros. Éramos tres parejas de diferentes edades, aunque nosotros éramos los más jóvenes del grupo, también somos los menos acostumbrados a beber, así que tras la cena y tras un par de cubatas Sara ya estaba de lo más animada…

Eran las 3 de la mañana cuando los encontramos en un pub, ellos iban con sus amigos y en cuanto nos vimos, corrimos a felicitarnos el año, la felicitación de Elena fue algo diferente a lo que hasta ahora estaba acostumbrado… noté algo contentilla seguramente por el efecto del alcohol, los dos besos reglamentarios de mejilla con mejilla, se convirtieron en dos sonoros besos de sus labios en mis mejillas, tanto es así, que se me quedaron marcadas las marchas del lápiz de labios uno en cada mejilla…

– Uy perdona te deje marcado… ¡¡¡como lo vea Sara veras!!! Jajaja

– Vamos a limpiarte con un pañuelo no sea que alguien piense mal jajaja

Seguramente ayudado en un 90% por los efectos del alcohol contesté…

– Bueno ya sabes… piensa mal y acertaras. jejeje

Acto seguido los dos sonreímos y no pude evitar lanzarle un guiño, acompañado de una mirada, que decía mucho sobre lo que en ese instante deseaba.

Elena iba maquillada y con el pelo suelto, no estoy acostumbrado a verla así y me pareció muy pero que muy sexi, llevaba un pantalón negro ajustado que marcaba las curvas de su precioso culo y una camisa de hilo muy fino, de esas que al tocarla casi sientes la piel, también me percaté que llevaba tacón alto y la verdad es que a la mujer siempre la hace más sexi y elegante el tacón alto.

Tras el encuentro Elena y David dejaron a sus amigos y se quedaron con nosotros, uno tras otro los cubatas iban cayendo y cuando llegamos al quinto Sara ya había dejado de ser la misma.., digamos que su comportamiento no se parecía mucho al que normalmente me tenía acostumbrado, hacía tiempo que había superado su record de cubatas, que aproximadamente sería dos en una noche, continuaba bailando y hablando alegremente con todo el mundo en la pista. Uno de sus acompañantes era David, con el que no paraba de reír y con el que en más de una ocasión, se marcó un bailecito digamos que un poquito sensual.

Lo bueno de aquello era que podía estar con Elena… como la música estaba muy alta me tenía que acercar a ella para que me entendiera, un par de veces me acerqué tanto que pude rozar su oído con mis labios, fue algo que podía haber evitado y que por supuesto no me dio la gana de evitar… cada vez que ella me hablaba se acercaba más a mí, pegaba su cuerpo al mío, tirando de mi brazo para que pudiera agacharme y hablarme al oído, nuestra conversación no se parecía en nada la habitual, nos reíamos de Sara, nunca la había visto tan contenta como esa noche y la verdad yo tampoco.

– Me alegro mucho de que hayáis salido…deberíais salir más.

– Pues si tienes razón, pero nosotros lo tenemos más difícil el poder dejar a los niños.

– Eso son excusas de mal pagador, si no salís mas es porque no queréis

– Estoy tan contenta que te daría un pico…jajaja

Eso me dejó un poco parado por unos instantes, pero el alcohol hizo que no me lo pensara y me tiré a la piscina…

– Pues no sé a qué estás esperando…

–  Eso querrías tu listillo…

Yo reía pero en mi interior no podía ocultar la desilusión, por un instante me había hecho ilusiones…

– Bueno pues tú te lo pierdes

– Ah sí tú crees?

En ese instante se acercó a mí y me plantó un maravilloso piquito en los morros…

– Estamos en año nuevo y no es plan de perderse nada jajaja

– Pues va a ser que no jajaja

Los dos reímos durante un rato, mientras la música seguía sonando, la gente entraba salía y te mandaba a empujones de un lugar a otro del local. Me sentía como dentro de una burbuja ajeno a todo lo que sucedía a mí alrededor y sé notaba que a ella le sucedía algo semejante, hacía tiempo que ya habían desaparecido las distancias de seguridad que habitualmente suele haber entre los dos. Sentía como su cuerpo se arrimaba cada vez más, estaba tan cerca que podía sentir las curvas de su cuerpo rozándome, tanto es así que pude notar perfectamente la presión de sus pechos en mi antebrazo cuando en más de una ocasión se acercó.

Tanto hablar tanto hablar comencé a sentir reseco y le pregunté a Elena si quería tomar algo, me dijo que sí, pero al darme la vuelta buscando a David y Sara para preguntarles que iban a tomar… vi que allí no había nadie, mientras hablaba con Elena había perdido la noción de la realidad y no me había dado de cuenta que seguramente habrían ido al baño. El caso es que a duras penas me abrí paso entre la gente y fui a preguntar a Sara por lo que iba a tomar, cuesta un rato hasta que te atienden y no me apetecía ir dos veces.

El local estaba bastante oscuro y lleno hasta la bandera de gente, me costó llegar a la zona de baños que se encontraba en la otra punta, una vez allí encontré bastante gente que hacía cola para entrar, espere durante un rato hasta que se abrió la puerta, pero la que salió de aquel baño no era Sara sino dos chicos que me imagino que andarín metiéndose alguna raya dentro, esperé junto a la puerta de los chicos por si había entrado en él, pero tras unos segundos la puerta se abrió, saliendo de allí una chica que tampoco era Sara. Había hecho un viaje para nada… así que me di la vuelta y me encaminé de nuevo a nuestra zona del local.

No había dado ni dos pasos cuando… durante unas décimas de segundo un foco azul iluminó a alguien que me pareció David, se encontraba en una zona algo más resguardada semi oculto por una columna, hablaba con alguien que tenía en frente y antes de que pudiera llegar a su altura, se fundió en un morreo con la chica que tenía delante. De repente me quede inmóvil observando la escena, pude acercarme a pocos metros oculto por la gente y cuál fue mi sorpresa al comprobar que la chica era Sara… solo la podía ver de espaldas pero estaba seguro de que era ella ya que llevaba el mismo vestido estampado con faldita…

Por un instante el mundo se me cayó encima, me quede durante unos segundos inmóvil mirando, creía que estaba viviendo una pesadilla de la que en breve despertaría, David la besaba metiéndole la lengua hasta el fondo mientras con su mano no perdía el tiempo y acariciaba su culito… ella también estaba teniendo un calentón del quince y para nada permanecía pasiva, las manos de Sara se colaban por el interior de su camiseta, mientras no paraba de sobarlo…

Estuve a punto de saltar y acercarme a ellos, pero no lo hice… en un principio era un mal sueño pero tras esa primera impresión en mi cabeza comenzaron a abrirse un mundo nuevo de posibilidades… otro motivo de no acercarme fue que todo lo contrario a lo que hubiera pensado, la escena de los dos metiéndose mano me había producido un morbo enorme… más si cabe en el momento en el que David introdujo sus manos por sus muslos hasta llegar al interior de su vestido y posteriormente magreando el culo.

Tras un minuto observando la escena desperté, perdido en mis pensamientos, volví al lugar donde se encontraba Elena. Antes de llegar a su altura me acerqué a la barra y pedí un par de cubatas…

– Pensé que habías ido a Burgos a por los cubatas… ¿¿Has vito a estos??

– Pues va a ser que si…

La expresión de mi cara cambió de repente y me imagino que ella se dio cuenta…

– ¿Qué pasa?¿ Dónde están?

Por un momento dudé… no sabía si contarlo o no contarlo, pero por un lado creo que tenía derecho a saberlo y por el otro esa podía ser la posibilidad…

– Pues estaban al lado del baño dándose el lote…

Puse cara de indignado y observe atentamente su reacción.

-¿Cómo?

Seguramente ella pensó que habría oído mal o que era una broma y volvió a preguntarme, como si de una broma se tratara.

– Bueno si es verdad algo tendremos que hacer tú y yo jajaja

Esta vez la mire a los ojos con una expresión que no dejaba lugar a la duda.

– Los he visto ahí magreándose mientras se daban un morreo espectacular delante de todo el mundo

En esta ocasión el rostro de Elena si cambió…

-. Lo dices en serio?

No contesté, solo me limité a mirarla a los ojos y a asentir con la cabeza.

– Ya sabía yo que estaba loco por follársela… siempre me lo ha negado… ¡¡¡qué hijo de puta!!!

Por un momento quedamos mirándonos, la expresión de su cara había cambiado por completo, me hubiera gustado saber lo que pasaba por su cabeza en ese instante…

– Me voy a casa.

Me quedé sin saber que decir, la observé abriéndose paso entre la gente camino de la puerta de salida, cuando la vi desaparecer, intenté volver a pensar, intentaba asimilar todo lo que me había sucedido aquella noche, pero la verdad es que era muy difícil… escuchaba la música atronadora pero era como si fuera una música lejana, sentía los empujones de la gente, pero era como si estuviera solo y los movimientos fueran los mismos que el balanceo de un barco…

Tras un par de minutos en coma, sentí como alguien tiraba del brazo y me hablaba al oído, volví sobre mi… ¡era Elena!

– ¿Me acompañas?

Mi corazón dio un vuelco de repente al verla de vuelta, no dije nada, mis ojos ya lo decían todo por mí… nos abrimos paso entre la gente y salimos de aquel pub. Su casa está cinco minutos de la zona de marcha, durante el camino no hablamos nada y solo cuando llegamos a la puerta de su casa, estando abierta la puerta de entrada pregunté…

– ¿Estas segura? No quisiera que fuera por venganza…

En ese instante ella cerró la puerta tras de sí, se volvió y sus manos rodearon mi cuello, durante unos instantes permanecimos abrazados sin decir nada, necesitábamos saborear el momento… ese momento que tanto habíamos deseado y que ahora estaba ante nosotros, podía escuchar su respiración, podía saborear su aroma y tras unos instantes abrazados, nuestros labios se encontraron por primera vez, por primera vez pude conocer su sabor, nuestras bocas se unieron muy despacio al principio, los besaba con pequeños roces degustándola con delicadeza, como si fuera un sueño en el que de un momento a otro fuéramos a despertar, los labios se acariciaban muy despacio, rozando y volviendo a rozar, mi lengua comenzó a entrar en ella y sentí la humedad y el calor de su boca, ella respondió a mis caricias y nuestras dos lenguas se fundieron en un baile de lujuria.

Estábamos de pie en el hall, mis manos exploraban su cuerpo y a la vez desataban los botones de su camisa, los nervios hicieron que no pudiera desatar los dos últimos así los arranque de un ligero tirón, Elena se quedó con la camisa a medio quitar con las mangas puestas y cayendo sobre los hombros. Mientras, mis labios besaban su cuello con avidez, sentía como toda su piel se erizaba cuando con ligeros chupetones recorría su cuello desnudo.

– Subamos arriba…

Asentí a sus palabras sin decir nada, mi corazón bombeaba a más velocidad de la que yo había imaginado nunca que pudiera hacerlo. Seguí sus pasos subiendo la escalera, tenía unas vistas magníficas con su torso semidesnudo y ese culo que siempre me había vuelto loco marcándose a través del pantalón, moviéndose con un ligero contoneo mientras subían los escalones. Entramos en una de las habitaciones, me imagino que era la de uno de sus hijos, pero eso era lo que menos me importaba en ese momento…

Ella estaba delante mía dándome la espalda, permaneció inmóvil mientras uno de mis brazos la rodeaba por la cintura y la otra apartaba su larga melena de pelo negro de su cuello, no pude evitar la tentación de comenzar a besar su cuello desnudo… lo lamí, lo mordisqueé una y otra vez, comencé a sentir como su respiración se aceleraba a cada instante que pasaba, desde mi situación podía divisar sus pequeños pechitos hinchándose y deshinchándose al compás de la acelerada respiración, los pezones se marcaban al otro lado del sujetador mientras toda su piel se erizaba. Mis manos la cubrían con delicadeza mientras cada una de ellas, tomaba un camino diferente…

La derecha retira con delicadeza su sujetador y comienza a acariciar sus pechos, son pequeños pero firmes, sus pezones se han endurecido y se encuentran completamente erectos, los presiono con delicadeza, rozo con las yemas de mis dedos sus aureolas sintiéndolas rugosas y tersas, su cuerpo reacciona y comienza a lanzar pequeños gemidos ahogados, Elena se arquea hacia atrás dejando todo su cuello desnudo a mi merced… mis labios continúan recorriendo su piel, mientras mi mano izquierda se encamina dirección a su coñito. Su tripita se encoje cuando siente el roce de mis dedos sobre ella, se encoje de tal forma que mi mano puede colarse sin problemas entre la piel y su pantalón, ella la mantiene así invitándome a entrar…mis dedos rozan su tanguita por encima y puedo sentir a través de ellos la cálida humedad de su coñito.

Es ella la que suelta el botón del pantalón y me facilita por completo la labor, mis dedos se cuelan entre su tanguita y su monte de venus, cuando llegan a su coñito Elena gime con un espasmo involuntario, en ese instante sus caderas comienzan a moverse al compás de mis caricias, su respiración es un puro jadeo, cuando ya parecía perdida, se vuelve sobre sí misma y me lanza una sonrisa pícara…

– Buff no sigas que voy a correrme… ahora te toca un poquito a ti…

Me dejo hacer encantado, uno a uno va desabotonando mi camisa, sus manos acarician mi torso, sintiendo como dentro de mi pantalón hay algo que está a punto de estallar… Muy despacio su lengua recorre mi pecho, besos, pequeños mordisquitos, chupetones, poco a poco su lengua baja en dirección sur, mientras, no hay un solo centímetro de piel que quede sin explorar. A la llegada al pantalón intenta soltarlo, pero tengo que ser soy yo el que lo haga, al instante los vaqueros me caen hasta la altura de los muslos, ella me mira a los ojos y sonríe, los calzoncillos corren el mismo destino que los pantalones y mi polla queda libre ente ella, hacía mucho tiempo que se encontraba en su pleno esplendor, siento un escalofrío cuando sus suaves manos se posan sobre ella, con mucha delicadeza su mano derecha sujeta mi miembro y comienza a acariciarlo como si de un trofeo se tratara…sus manos son finas y bonitas, me encanta ver como muy despacio se posan sobre mi miembro erecto y lo masturba. Elena vuelve a mirarme y en su rostro puedo ver la viva imagen de la lujuria… aparta el pelo de su cara y lo coloca tras los hombros, con la punta de la lengua comienza a rozar el capullo con una delicadeza exquisita, lo roza con la lengua y termina besando la punta del capullo, quiero morir cada vez que siento en las zonas más sensibles de mi cuerpo ese roce maravilloso, ella se lo toma con tranquilidad, la saborea, la chupa y recorre con su lengua con pequeños lametones, cada momento que pasa es un paso más hacia la locura.

Se detiene por un instante y vuelve a mirarme a los ojos, le gusta mirar mientras lo hace, eso a mí me vuelve loco, tras unos segundos de pausa, su mano izquierda comienza a acariciar mis huevos a la vez que muy despacio introduce toda la polla en su boca, su cabeza comienza a moverse arriba y abajo mientras veo mi miembro desaparecer y aparecer una y otra vez dentro de ella, siento que estoy a punto de perder el control, Elena succiona cada vez con más intensidad, haciendo el vacío y rozando con su lengua cada vez que es introducida en su boca.

Siento perder el control mientras todo mi cuerpo comienza a llegar a ese punto donde no hay marcha atrás, ese momento de no retorno donde todo da lo mismo, siento que estoy a punto de irme, pero no digo nada… permanezco gimiendo, mientras en una de las estanterías de la habitación, observo la foto de su hijo junto al mío el día que ganaron un campeonato de futbol sala del colegio, parece como si estuvieran mirando, ver la imagen del niño mientras su madre me está haciendo una mamada, hace que me sienta un poco incómodo, por lo que aparto la vista y vuelvo a concentrarme en el cuerpo semidesnudo de Elena.

Pocos segundos han pasado cuando el cuerpo comienza a traicionarme y me atrapa el primer orgasmo, mis manos se aferran a su cabeza con fuerza, mientras siento como toda mi musculatura se tensa en cada espasmo, lanzo varios disparos de semen que se cuelan dentro de la boca de Elena, ella los recibe mientras disminuye el ritmo hasta parar por completo, traga todo el semen y posteriormente lame con mimo los restos que han quedado en las paredes de mi miembro.

Mi respiración todavía está intentando recuperarse cuando Elena se pone en pie y me rodea el cuello con sus brazos, siento el roce de sus pezones en punta rozando contra mi pecho, acaricio su espalda desnuda con las yemas de los dedos, la recorro casi sin tocar y siento como su piel reacciona y comienza a erizarse, nuestras bocas vuelven a unirse en un profundo beso.

No sin dificultad recorremos los escasos dos metros que nos separan de la cama de su hijo y caemos sobre ella, tumbados sobre la cama observo a Elena, su melena negra esparcida sobre la cama, sus ojos cerrados y su boca entreabierta que no deja de gemir… Durante muchos años había imaginado ese momento, había soñado con que aquello pudiera pasar algún día y ahora estaba pasando, tenía a Elena a mi merced, entregada por completo deseando que haga mía…

Bajé su pantalón quedando ante mi completamente desnuda, cubierta tan solo por un minúsculo tanga de hilo negro. Me moría por saborearla, por hacerla gemir, quería sentir como su cuerpo se estremecía y mis dedos comenzaron a acariciar su monte de venus mientras observaba su rostro, Elena no pudo evitar gemir de placer por enésima vez al sentir ese primer contacto, sentí el tanguita húmedo a la vez que sus piernas se abrían para facilitar mi tarea

Mi lengua recorría cada centímetro de su anatomía siguiendo el camino que lleva a su coño, surcaba sus curvas degustando el sabor a pecado de su piel… mientras, en la habitación resonaba la respiración cada vez más descontrolada… sus manos comenzaron a aferrarse a mi cabeza, todo su cuerpo convulsionó cuando por vez primera hundí mi lengua en lo más profundo de su sexo, chorreaba por dentro y poco a poco fui recorriéndolo mientras degustaba sus maravillosos fluidos. Esa primera Impresión hizo que Elena arqueara su espalda y comenzara a mover sus caderas al compás de mi lengua, abrió las piernas a la vez que tras levantarlas, las entrelazó por encima de mi espalda.

Tenía un coñito depilado conservando solo una fina tira de vello púbico en el centro, el clítoris hinchado asomaba ligeramente, mientras…mi lengua no podía dejar de jugar con él, los dedos corazón y anular entraban con facilidad en ella, se colaban en su interior a la vez que se impregnaban de sus viscosos fluidos…

Me incorporé para poder observarla, si hay algo que me vuelve loco es observar como una mujer se entrega en cuerpo y alma, observarla mordiéndose el labio superior, moviendo la cabeza de un lado a otro, sentir como sus caderas se mueven al compás de mis caricias, escuchar como la respiración se torna en gemidos ahogados…

Siempre había imaginado ese momento de una forma, siempre que soñaba con Elena lo imaginaba mientras ella se encontraba de espaldas y yo podía tener ante mí aquel culo que tantas veces me había vuelto loco.

– Date la vuelta

Elena obedeció y se colocó al estilo perrito, todavía llevaba puesto el tanguita de hilo negro así que lo bajé para más comodidad, quedo a mitad de camino enganchado a la altura de los muslos, ya la había abierto de piernas y no pudo bajar más por su propio peso, verla en esa situación hacía que toda mi sangre se amotinara en mi interior, necesitaba hacerla mía, necesitaba follarla una y otra vez… mi corazón golpeaba con fuerza contra mi pecho tan fuerte que pensé que podría oírlo.

En la cama de su hijo mayor y sobre un edredón de Bob esponja, mis dedos volvieron a explorar en lo más húmedo de su ser, resbalaban arriba y abajo desde el clítoris hasta su ano. No pude más, la sujeté por las caderas fuertemente y tras una fuerte embestida mi polla se clavó en ella hasta lo más profundo de su ser, ella arqueo su espalda y lanzó un gemido que lo mismo podría haber sido de placer o dolor…o quien sabe, quizás las dos cosas a la vez. Observaba su culo mientras mis manos se aferraban firmemente a las caderas, lanzaba las embestidas intentando aplacar el deseo que me comía por dentro, sucedía justo lo contrario, cada movimiento, cada embestida, cada segundo que pasaba me trasladaba a ese punto de no retorno en el que en breve Iba a caer…

– Te siento, te siento… no pares por favor…

Sus palabras eran entrecortadas, se mezclaban con los gruñidos y gemidos que se escuchaban en la habitación.

– No aguanto más… sigue no pares…

Escuchar sus palabras hacían que me volviera loco, no iba a poder aguantar mucho más… sabía que estaba a punto, sus manos se aferraban con fuerza al almohadón, su respiración cada vez era más rápida, mas entrecortada, mas desenfrenada…observaba su espalda arqueada, observaba mi polla hundiéndose una y otra vez en su interior, me estaba volviendo loco por la mezcla de morbo y placer que me atrapaban… en ese instante perdí el control, comencé a sentir las primeras convulsiones de maravilloso placer mientras disparaba en su cálido coñito varios chorros de semen… sentir el calor de mi leche en su interior hizo que ella también se fuera y comenzó a gemir de una forma descontrolada mientras su cuerpo convulsionaba con pequeños espasmos que recorrían su espalda y terminaban en su culo.

Fueron unos instantes maravillosos en los que pareció que el mundo y el tiempo se habían detenido a la vez, por un instante habíamos olvidado todo lo que aquella noche nos había llevado hasta allí. La noche había empezado mal, muy mal, había empezado con unos cuernos tan grandes como los de un Miura y los iba a terminar desnudo y abrazado a Elena… abrimos la pequeña cama y entramos en ella, Elena quedo acurrucada desnuda, su pelo despeinado cubría parte de su rostro, mientras yo la cubría con mis brazos, no hablamos ni una sola palabra, los dos nos mirábamos a los ojos con una media sonrisa en los labios, estuvimos así durante unos minutos hasta que perdimos la conciencia y quedamos dormidos.

No había pasado ni media hora cuando un ruido me despertó, en un principio estaba algo desorientado, tardé un par de segundos en situarme, solo cuando pude ver a Elena a mi lado recordé lo que había pasado hacía poco tiempo, la desperté y se sobresaltó, rápidamente se puso una camiseta y salió de la habitación. La única explicación al ruido era que habría llegado David a casa, así que por un acto reflejo corrí a esconderme tras la cama. Sabía que no tenía por qué esconderme, pero… de alguna manera y a pesar de lo que había visto hacía tan solo unas horas, yo estaba en su casa y me había tirado a su mujer en la cama de su hijo, así que opté por permanecer en aquella habitación con la luz apagada.

Durante un interminable minuto permanecí tras la puerta, Elena había salido y no había vuelto a entrar, mientras, seguía escuchando el mismo murmullo en la habitación al final del pasillo. No sabía qué hacer, hasta que no pude aguantar por más tiempo y salí en su busca, Elena se encontraba al final del pasillo, permanecía inmóvil frente a la puerta de la que más tarde me enteraría que es su habitación, me coloqué tras ella y la rodeé con mis manos por su cintura. Fue entonces cuando al mirar hacia el interior de la habitación los vi… por el suelo de la habitación estaban esparcidas sus ropas, sujetadores y tangas se mezclaban con camisas y pantalones. Alce la vista y miré hacia donde la mirada perdida de Elena apuntaba, allí sobre su cama de matrimonio estaban ellos, no nos podían ver, ya que nosotros estábamos fuera al resguardo de la oscuridad.

Eran Sara y David, ella estaba sobre la cama semidesnuda, su cuerpo solo recubierto parcialmente con su vestido, se encontraba encogido en la cintura, estaba tumbada sobre la cama, mientras David de rodillas en el suelo le estaba haciendo un cunnilingus que la estaba volviendo loca. En esos instantes le estaban comiendo el coño a mi mujer delante de mis propias narices, tengo que reconocer que me sentí celoso cuando observaba a Sara, no dejaba de gemir mientras movía de un lugar a otro la cabeza, se pellizcaba sus grandes tetas a la vez que rítmicamente arqueaba el cuerpo, para sentir el roce de su lengua en lo más íntimo de su ser.

Ellos permanecen ajenos a nuestra presencia, Sara se mantiene con las piernas todo lo abiertas de lo que es capaz, mientras el hunde su lengua en su coñito una y otra vez, está completamente entregada a él, permanece con los ojos cerrados moviendo la cabeza a derecha e izquierda, con el rostro congestionado, a la vez que con la mano presiona hacia ella la cabeza de David.

Verla disfrutando como una loca, entregándose a David en cuerpo y alma, hizo crecer en mi interior una amalgama de sentimientos encontrados, era algo raro, una sensación diferente a todo lo que hasta aquel día había sentido, ser testigo de aquella escena no solo me había hecho sentir celos, también había comenzado a excitarme de una forma increíble…

Pegué mi cuerpo desnudo al de Elena, al igual que yo, ella permanecía muda observando, sentí como mi miembro había vuelto a crecer y presionaba sobre su culo.

– ¿Qué piensas?

– Es un hijo de la gran puta…

– Bueno nosotros también hemos hecho lo mismo… ¿no crees?

Al escuchar mis palabras Elena permaneció callada… volvió a concentrarse en lo que estaba pasando a escasos 4 metros de donde nos encontrábamos. Pudo sentir como mi miembro crecido presionaba tras ella, estaba empezando a percatarse que todo aquello había comenzado a excitarme y aunque seguramente se hubiera negado a admitirlo… a ella también la estaba poniendo cachonda.

Retiré el pelo de su hombro y comencé a besar el cuello desnudo, realmente no necesitaba el estímulo de Sara y David montándoselo en aquel lugar, pero verlos ahí había conseguido ponerme a mil… mis manos comenzaron a colarse por dentro de del pijama, mis besos comenzaron a provocarle escalofríos que hacían erizar su piel, mis manos cubrían sus pequeños pechos, los sentía tersos, erectos, sus pezones estaban duros y al pellizcarlos con suavidad comenzó a acelerársele la respiración. ..

Mientras en el interior ahora era Sara la que introducía aquel aparato en su boca, era un imponente miembro de casi 20 cm, lo sujetaba con su mano y lo introducía en la boca con rápidos y acompasados movimientos, David permanecía erguido delante de ella, sus manos se posaban sobre la cabeza de Sara guiándola en sus movimientos, mientras su mirada se perdida en el techo de aquella habitación.

Para aquel entonces mis dedos corazón y anular se colaban con facilidad en el húmedo coño de Elena, lo recorría muy despacio, entraban y salían de ella, rozaban su clítoris, se impregnaban de sus fluidos, sin importarle que nadie la pudiera oír, gemía de una forma desesperada. Si no hubiera sido porque en el interior los gruñidos de David enmascaraban los de Elena, hace ya tiempo que nos hubieran descubierto.

El morbo fue total cuando David lanzó sobre la cama a Sara, hizo que se tumbara boca abajo y la mirada de esta, quedo clavada en la oscuridad del quicio de la puerta donde nosotros estábamos, mi corazón dio una fuerte sacudida al observar sus ojos apuntando directamente sobre nosotros… acaso podría vernos? Su rostro no decía tal cosa, su boca entreabierta era un continuo jadeo cuando los labios de David se hundieron entre sus nalgas y comenzaron a lamer el ano y sus alrededores… durante unos minutos su lengua recorrió una y otra vez cada uno de los rincones más sensibles de aquel estrecho agujerito.

Estaría completamente lubrificada cuando David cambió la lengua por un de sus dedos, poco a poco introdujo su dedo corazón en ella, lo hizo pausadamente, no sin antes humedecerlo con su saliva, poco a poco entro en el ano de Sara, al principio su rostro se congestionó por el dolor, sus músculos se tensaron y las manos se aferraron a las sabanas de la cama…

– Ahh me duele…. Para nunca lo he hecho, por favor paraa…ahhh

El hizo caso omiso a sus suplicas y continuó penetrando su culito virgen…primero el dedo corazón, luego el pulgar… poco a poco y tras unos minutos de gemidos que no me atrevería a definir, sus dedos comenzaron a colarse sin dificultad, Sara había dejado de gritar y ahora gemía al ritmo que le marcaba David .

Nunca me lo había dejado practicarlo a mí… a pesar de que sabía lo mucho que lo deseaba, nunca había consentido. Y ahora estaba delante de mis narices con otro tío, gimiendo y gozando como una loca, mientras David desvirgaba con sus dedos su bonito culo.

Estaba excitadísimo, mi respiración estaba desbocada, toda mi sangre se amotinaba en un mismo lugar… Elena se pegaba a mí a la vez que restregaba su culo contra mi polla, mientras mis dedos no habían dejado ni un momento de jugar con su clítoris, la sentía húmeda y cálida, ahora era ella la que posaba su mano sobre la mía y presionaba…

David no pudo resistir más la tentación, se incorporó ligeramente y separó las piernas de Sara, ella permanecía boca abajo mirando hacia la puerta. El mango carnoso y recubierto de hinchadas venas emergía con fuerza y permanecía erguido como un bastón, su capullo asomaba brillante y sonrojado. Se situó tras ella y comenzó a frotar el capullo contra su coñito, durante unos segundos estuvo rozándolo mientras Sara clavaba su rostro contra las sabanas mientras podía escucharse su respiración acelerada.

Un fuerte gemido resonó en aquella habitación cuando la Polla de David se clavó por completo en mi mujer, fue una embestida seca, de un solo movimiento de caderas introdujo todo su miembro en Sara. Durante unos instantes permaneció inmóvil dentro de ella, saboreaba el momento, degustándola. No alcanzaba a ver el rostro de mi mujer, lo seguía teniendo clavado sobre las sábanas, mientras yo no podía dejar de mirar, comenzaron a escucharse ligeros gemidos ahogados cuando David comenzó a moverse, cada embestida iba acompañada de un gemido, su musculatura se marcaba con cada golpe, entraba y salía de ella sin dificultad ——

En ese instante algo me sobresaltó, Elena se separó de mí y entró en su habitación…

– Al menos espero que nos dejéis unirnos no??

Sus palabras resonaron como una bomba… David se separó sobresaltado mientras Sara dio un grito mientras se incorporaba tapándose con las sabanas. El miedo y la sorpresa quedó dibujado en sus rostros, miraban a Elena sin ser capaces de articular palabra y solo cuando me vieron entrar al rato comenzaron a intuir lo que ahí había pasado.

– Hice una pregunta… no vais a ser solo vosotros los que lo pasáis bien…

Parecía que no eran capaces de entender ni una sola de las palabras, estaban completamente descolocados… si la entrada de Elena los había sorprendido, mayor había sido el mazazo al verme entrar a mi…

Todavía estaban uniendo las piezas del puzle cuando Elena hablo por tercera vez…

– Si tú te tiras a mi marido, me parece justo que yo me tire al tuyo ¿no?

Esta vez fue David quien habló, mientras miraba a su mujer…

– Por mí no hay ningún inconveniente

Contestó con una media sonrisa entre sus labios a la vez que me miraba a mí, yo no fui capaz de articular palabra y asentí con una sonrisa mientras miraba a Sara que todavía mantenía la sabana tapando parcialmente su cuerpo.

Los cuatro nos tumbamos sobre aquella cama, era grande y teníamos el espacio suficiente, Elena se quitó la parte de arriba del pijama que todavía quedaba puesto y los cuatro nos quedamos mirándonos los unos a los otros sin saber bien como empezar.

– Alguien tendrá que romper el hielo…

Tras esas palabras y con una sonrisa pícara, David pasó la mano por detrás de la cabeza de Sara y la hizo agacharse con dirección a polla, por aquel entonces había perdido todo su esplendor y permanecía flácida. Sara se dejó llevar por aquella mano que la arrastraba y sin rechistar bajó la cabeza a la vez que soltaba las sábanas que cubrían su cuerpo, con una mano levanto aquel pedazo de carne muerta y lo introdujo en su boca. Comenzó a mamársela a la vez que su mano dejaba al descubierto el sonrojado capullo. En ese momento Sara nos miró… en su rostro estaba dibujada la viva imagen de la lujuria, con la lengua comenzó a saborear aquel glande que por aquel entonces ya estaba alcanzando un tamaño considerable, lo tragó siguió lamiendo como si de un helado se tratara, mientras su lengua trabajaba sin descanso, no dejaba de mirarnos, su mirada era igual al de una prostituta que busca calentar a su cliente…

La verdad sea dicha que lo consiguió… Elena no quiso ser menos y copió a Sara, se colocó de tal forma que pudiera verlos a ellos mientras me hacía un maravilloso trabajito. Había una diferencia ya que mi polla en ningún momento había flaqueado y se encontraba erguida y deseosa de ser mimada.

Elena se colocó frente a Sara, se situó de tal forma que podía ver todo lo que ella hacía, comenzó a imitarla, las dos chicas se miraban mientras saboreaban nuestros respectivos instrumentos, las dos estaban arrodilladas una frente a la otra.

Mi mano derecha posaba sobre la cabeza de Elena, no alcanzaba a verla por completo, aunque, sabía qué hacía y como lo hacía, lo sabía porque estaba observando a Sara y las dos estaban jugando al mismo juego morboso, una provocaba y la otra la seguía. Con forme pasaba el tiempo sentía como la intensidad era mayor, sentía en su boca rozando las paredes de mi miembro con fuertes aspiraciones. Me encontraba recostado, mi mano izquierda pudo alcanzar su culo y acariciarlo, modificando un poco la posición conseguí que mis dedos pudieron llegar a su coñito que estaba chorreando, sentí como su interior estaba impregnado por una humedad cálida y maravillosa. Elena movía el culo con ligeros movimientos circulares y dejaba escapar un gemido cada vez que su boca se liberaba de mi pene.

Era una sensación maravillosa, oleadas de placer recorrían mi cuerpo, intentaba no pensar en el momento para no irme, ver a Sara haciendo lo mismo había conseguido ponerme como una autentica moto.

Sara se incorpora a la vez que lo clava sus ojos en nosotros con una mirada mitad burlona y mitad pícara, pasa por encima de David, que se encontraba en la misma posición que yo y comienza a besarle el cuello, recorre con sus besos cada palmo de piel, bajaba hasta su pecho y volvía a subir a la vez que clavar una y otra vez su mirada en nosotros.

Elena seguía con su juego… repetía cada movimiento de Sara, cada caricia y cada gesto, sin haber cruzado ni media palabra, las dos chicas habían iniciado un juego morboso en el que los chicos éramos meros espectadores.

Observaba a mi mujer, siempre había sido muy tradicional en todo lo que al sexo se refería, nunca había consentido que practicásemos más juegos de lo políticamente correcto, ahora la tenía a mi lado con otro tío, comportándose como una autentica fulana. Todo aquello supuso para mí, una mezcla de morbo y sorpresa, nunca me hubiera imaginado que Sara se pudiera llegarse a comportar de ese modo. Hacía rato que se había borrado de su rostro el sentimiento de culpa, ahora se sentía segura, disfrutaba con el morbo de la situación y parecía querer retarnos a ver quién era capaz de hacerlo mejor.

Elena se me estaba comiendo por completo, me mordía los pezones, me lamía el cuello, saboreaba el roce de su cuerpo desnudo frotándose contra mi pecho. Cerré los ojos al sentir como sujetaba mi pene y lo utilizaba como si de un consolador se tratara, sentía el roce de su húmedo coñito contra mi descubierto capullo, me hizo comenzar a respirar con dificultad.

Permanecía con los ojos cerrados, concentrándome en sus caricias, concentrándome en la deliciosa sensación de sentir el roce de nuestros sexos hinchados. Con los ojos cerrados podía distinguir la mezcla de gemidos, escuchaba sin dificultad la respiración entrecortada de Sara a pocos centímetros de nosotros, escuchaba los pequeños gruñidos de David, deseando clavar por completo su gran polla en las entrañas de Sara. Saboreaba el momento con más intensidad, alcanzaba a saborear el resto de sensaciones como solo aquellos que tienen privado el sentido de la vista pueden hacerlo.

Un fuerte gemido de placer se escuchó a mí lado y me devolvió de nuevo a la realidad, abrí los ojos y pude ver a Sara sentándose sobre David, aquellos 20 cm de dura carne y sangre amotinada, entraron en las entrañas de Sara, su cuerpo se tensó por un instante al sentir por vez primera a David. Tras permanecer el uno dentro del otro inmóviles por unos segundos, Sara comenzó a moverse sobre él, cabalgaba despacio sobre aquella montura, mientras, sus gemidos resonaban acompasados con cada golpe de cadera.

No tardé en sentir yo también a Elena… mi erecto pene entró sin dificultad en su cálida cavidad, resbalaba en su interior, colándose hasta lo más hondo de su ser, al igual que ellos comenzó a cabalgar sobre mí como si de una amazona se tratara, mis manos se posaron en su culo mientras movía las caderas. Se movía sobre mí con la misma cadencia que Sara, la respiración de las dos se mezclaba por igual, una amalgama de gemidos ahogados y respiraciones entrecortadas comenzaron a escucharse en aquella habitación.

Era una posición en la que no tenía el control, pero por otro lado eso me daba la posibilidad de aguantar, podía disfrutar, podía hacerla disfrutar y podía ver como mi mujer se follaba a otro delante de mía.

Sara estaba colocada de tal manera que la podía ver frente a mí, se arqueaba hacia atrás con la mirada perdida y la boca entreabierta, mientras Daniel magreaba con fuerza sus grandes pechos, los estrujaba e hincaba su rostro en ellos.

A Elena ya se le había olvidado su juego… cabalgaba sobre mí a la vez que con fuerza se aferraba a mi cuerpo, sus uñas se clavaban en mi espalda, se aferraban con fuerza buscando impulso para poder acometer mejor, la escuchaba gemir en mi oído, sentía su golpes de cadera chocando contra mi cuerpo, me sentía como en un sueño del que no quería despertar.

Pude ver por el rabillo del ojo como David se levantaba con Sara encima, ella estaba ensartada en su polla, la tumbó sobre la cama y comenzó a follarla con fuerza, su cuerpo se tensaba con cada acometida y los gritos de Sara eran de locura. Sus piernas se entrelazaron alrededor de su culo intentaba atraerlo hacia ella con fuerza, los músculos de David se marcaban con cada acometida, cada vez los movimientos más descontrolados y rápidos, habían llegado al punto de no retorno…

Los ojos de Elena se clavaron a los míos, su pelo alborotado recubría parte de su cara, los ojos cargados de deseo se posaron en los míos, deje de mirarlos a mí lado y me centré en Elena, en ese momento maravilloso que tantas veces había soñado, su boca entreabierta suspiraba con dificultad, sus manos se aferraban a mi espalda mientras sus caderas no dejaban de cabalgar sobre mí.

En ese instante David salió de dentro de Sara, moviéndose rápidamente frente a ella, continuó masturbándose mientras lo miraba, estaba a punto por lo que solo tardó unos instantes en correrse, comenzó a lanzar pequeños gruñidos y varios chorros de semen salieron disparados e impactaron sobre el rostro de mi mujer, parte de aquel viscoso líquido cayó en la cara y parte se derramó sobre los pechos, ella se incorporó y terminó lamiéndole la polla, a chupaba con lascivia allegando cada gota de aquel cálido líquido.

Elena se acercó a mi oído.

– No puedo más… me corro…

Se mantuvo abrazada gimiendo a mi oído, su cuerpo comenzó a convulsionar mientras las golpeaban con toda la velocidad de la que era capaz, mi polla entraba y salía de ella con fuerza.

– Ahhh me corro, joderrr, me corroo ahhhhh, ahhhh

No se cortó a la hora de gemir, gritaba como una loca en mi oído, su cuerpo se movía convulsamente mientras sus manos se aferraban a mi cuello.

Siempre he pensado que no hay nada más excitante en esta vida que los ojos de una mujer al llegar al orgasmo, sentir su cuerpo entregado a ti, perdido y anhelante… Ver a Elena, sentirla, escucharla… hizo que no pudiera aguantar más, un placer infinito se apoderó de mí y varios disparos de semen inundaron su coñito mientras me aferraba intentando aplacar el placer que me envolvía.

Al contrario que David no pude evitar correrme en ella, sentía como varios hilos de líquido viscoso se colaban y resbalaban hasta mis testículos. Permanecimos abrazados en la misma posición durante unos minutos, podía escuchar como poco a poco su respiración iba recobrando su ritmo normal.

Los cuatro quedamos tumbados sobre aquella cama, tras la tempestad llegó la calma y no supe bien cómo reaccionar, era una situación incómoda sobretodo porque no era una situación forzada. Enseguida me di cuenta que no había ningún cambio y tras aquello cada cual se quedó con su nueva pareja hasta el instante que alguien apagó la luz y quedamos dormidos.

Al día siguiente desperté a eso de las 12 de la mañana, la cabeza me daba vueltas y durante los primeros minutos no sabía bien si todo lo que recordaba era real o solo eran los efectos del alcohol, tras unos instantes con los ojos abiertos la vista se me acostumbró a la poca luz de la habitación, mire a mi derecha y vi a Sara, luego mire a mí izquierda y allí estaba Elena… efectivamente todo había sido real.

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