Relato porno Un viaje en tren muy caliente xxx

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Un viaje en tren muy caliente

Categoría: Orgias Comentarios: 0 Visto: 4914 veces

Ajustar texto: + - Publicado el 24/09/2015, por: Anonimo

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Tu amiga y tú apenas lográis abriros camino entre la muchedumbre concentrada en el andén de la estación. La miras y le dices en tono de disculpa:

— ¡Uf, tía, créeme que lo siento! Pensé que tomar un tren a las tres de la tarde en pleno mes de agosto era la mejor opción, pues los dos de la mañana suelen ir hasta arriba. ¡En fin!…

Resignada, ella te sonríe y volvéis a tratar de abriros paso hasta un vagón que parece algo menos solicitado. El calor es sofocante. La fina blusa que llevas no impide que sientas su ardor, así que desabotonas un poco el escote.

— ¡Uh, que sexy!—, te dice tu amiga divertida en voz baja. —Con la minifalda tan corta que llevas y la blusa así entreabierta estás de lo más provocadora, tía.

—Pues anda que tu vestidito, tía—, le respondes tú reparando en que cómo éste se le transparenta y deja entrever sus tetitas al trasluz.

Os reís.

Finalmente lográis subir al tren y os acomodáis en los dos últimos asientos situados al fondo del vagón. Habláis de mil cosas: cómo lo pasaréis de bien esa semana en una cala que casi nadie conoce y que descubristéis el verano anterior, lo buenos que estaban los dos tíos con los que os enrrollásteis entonces…

—Mmmhhh… me pongo cachonda de sólo pensar cómo follamos—, confiesas entre risas.

Tu amiga te devuelve una sonrisa cómplice y añade:

—Yo también, tía… ¡nunca había follado así!

Entre tanto, suben algunos otros viajeros. Nada a destacar. Un niño con su hermana y sus padres. Una pareja. Un viejo. Un tío cualquiera de mediana edad que se queda mirándoos a tu amiga y a ti. Una señora. Luego otra… Y el tren se pone en marcha…

Pasa un rato. Tú y tu amiga seguís hablando, riendo y recordando vuestras aventuras del verano anterior. Con el movimiento del tren y sin que te des cuenta, el escote de tu blusa se ha ahuecado, dejando que tus pechos se insinúen aún más. Lo adviertes al reparar en cómo el tío que se os había quedado mirando al subir te observa con descaro…

—Buah, parece inofensivo—, piensas. —Normalmente le diría alguna grosería, pero ¡uf!, estoy de lo más salida de tanto hablar de sexo con Ana y qué demonios, ¡quiero jugar!

Te haces la distraída y desabotonas otro botón de tu blusa para provocarle. Tu amiga te ve hacerlo y alucina.

—¡Isabel, tía!—, te susurra entre risas. —¡Para o le vas a enseñar las tetas a todo el vagón!

Pero tú no estás dispuesta a dejarlo ahí. Acaricias suavemente la base de tu cuello con tu mano, la introduces bajo la blusa y sigues acariciándote así hasta que desabrochas otro botón y te entreabres todavía más el escote. A continuación dejas caer algo al suelo en el pasillo y te inclinas para recogerlo despreocupada.

—¿Querías que te las enseñara, no?—dices para ti—. ¡Pues hoy es tu día de suerte, tío, así que mira y disfruta…! Mmhhh… me pone sólo pensar como te gustaría correrte en ellas… porque eso es lo que te gustaría… ¡a que sí!

En ese momento el tren se detiene. Te incorporas y miras por la ventanilla. Es la primera de las cinco paradas que haréis antes de llegar a vuestro destino. Miras de nuevo al tío, pero tras cruzar contigo una mirada un punto lasciva, éste se incopora de su asiento y se encamina hacia la salida, desapareciendo por la puerta del vagón. Le siguen la pareja, el viejo y las dos señoras.

—Pues vaya, qué frustrante—, te dices. —Creí que la cosa daría para más… ¡En fin!, habrá que esperar a otra ocasión.

Vulves a abotonarte la blusa, aunque sin cerrar del todo su escote. Ojeas una revista mientras tu amiga se pinta los labios. Luego las dos caéis presas del sopor de la tarde.

Os despierta la frenada un tanto brusca del tren en la cuarta estación. Miras a tu alrededor. ¡Vaya!, piensas, ¡si no hay nadie!

—Han debido bajarse todos en la anterior estación—, comenta Ana, tu amiga, al tiempo que se recoloca en su asiento.

Entonces se abre la puerta del vagón y suben dos tipos de unos 30 años, unos seis más que vosotras. Ana y tú os miráis con complicidad y fingís no haberos dado cuenta.

El tren reinicia la marcha. Los dos chicos se han sentado justo frente a vosotras cruzando el pasillo. Pero vosotras seguís ignorándolos. Hasta que uno de ellos os pregunta si queda mucho hasta la siguiente estación. Les respondéis que una hora, más o menos. Tienen acento extranjero.

—Yo creo que son franceses—, te susurra Ana. —¡Y están cañon, tía!

—¡Pues venga, tía!—, le respondes. —¡Vamos a montárnoslo con ellos! ¿Quieres?

—¡Uf, lo estoy deseando! ¡Vamos!

Dicho y hecho. Ana deja caer los tirantes de su vestido sobre sus brazos, se reclina hacia ti y te besa en los labios. Luego se relame y empieza a acariciarse su coñito. Tú desabrochas completamente tu blusa. Os morreáis una vez… y otra… y otra. Ella empieza a sobarte las tetas y luego a lamerlas. Tú haces lo mismo con las suyas. Estáis las dos super mojadas. Daros el lote como si nada delante de los dos franceses os pone super cachondas. Así que empezáis a masturbaros.

Los dos tíos alucinan con el espectáculo. Se levantan de sus asientos y se acercan a vosotras. Uno de ellos te agarra del pelo, te gira la cabeza hacia él bruscamente y comienza a besarte y a meterte mano mientras el otro se coloca junto a tu amiga, quien extiende su mano y comienza a acariciarle el paquete sin dejar de masturbarse.

—Mmmhhh… quiero chupar—, dice Ana mientras le baja la bragueta, mete la mano en ella y saca su polla tiesa como un trofeo. —Mmmhhh… sí… que buena… toda para mi—, añade llevándosela a la boca.

Entre tanto, el otro tío sigue besándote y metiéndote mano… Después de sobarte las tetas introduce su mano bajo tu braguita y empieza a frotarte tu coñito húmedo.

Ana sigue haciéndole una mamada de cine a su chico… luego lo pajea y vuelve a llevarse su polla a la boca.

—¡Será puta!—, piensas mientras ves como sin dejar de comérsela a su chico empieza a pajear al tuyo.

Pero en el fondo te gusta y la dejas hacer. Tu amiga se pone de rodillas entre los dos tíos y se traga sus pollas, primero una, luego otra y luego las dos a la vez.

—Mmmhhh… ¡yo también quiero!—, dices arrodillándote junto a ella y acariándole el coño mientras pasas tu lengua por la polla de tu chico. Ella agarra la agarra y te la da a chupar, luego la chupáis las dos a la vez, y hacéis lo mismo con la otra.

—¡Ahora folladnos!—, les decís. Y os reclináis sobre los asientos, una al lado de la otra, para que os claven sus pollas por detrás mientras os besáis.

—¡Oh… así… más fuerte!—, gritas al sentir que uno de los tíos te embiste con su polla mientras te soba las tetas y frota tus pezones.

—¡Sí… fóllame toda!—, grita tu amiga mientras el otro tío le hunde su polla en su coñito. —¡Dame… dame!

Luego cambiáis de postura. Al cabo de un rato estás sentada sobre uno de los tíos follándotelo tú mientras el otro te da a comer su polla. Luego le toca a tu amiga. Los dos tíos se la follan al mismo tiempo y hacen que se corra.

—¡Folladme los dos ahora a mi!—, les suplicas.

Sientes sus dos pollas dentro de ti y gozas como una auténtica puta gimiendo y jadeando sin parar y poniendo los ojos en blanco. Les pides que no paren de follarte y mientras lo hacen te morreas con Ana hasta que loca de placer te corres.

—Ahora les toca a ellos—, piensas. Y miras a tu amiga. Las dos volvéis a arrodillaros frente a ellos, os dos tíos empiezan a pajearse ante vosotras y abrís vuestras bocas para recibir su leche.

—¡Sí!… ¡Dadnos de beber!… ¡Regadnos con vuestra leche!… ¡Vamos… echádnosla toda!—, dice Ana.

—¡Mmmhhh… sí… correos en en nuestras bocas… venga… sí… así—, gritas tú mientras uno de ellos comienza a descargar su semen sobre vosotras llenándoos toda la cara y el cuerpo. —¡Oh… sí…!

El otro tío apunta directamente hacia tu boca y se corre en ella, pero tú en vez de tragarte su leche besas a Ana y la derramas en su boca.

—Mmmhhh… qué rica está—, dice tu amiga.

Entonces el tío que se había corrido primero acerca de nuevo su polla a tu boca y tú se la chupas… más… otra vez… hasta que él descarga dentro de tu boquita de zorra y tú te tragas toda su leche.

Ana y tú os miráis y os reís divertidas. ¡Un viaje en tren así sí que merece la pena!

(Si te ha gustado, eres chica, tienes entre 18 y 37 años, y quieres compartir conmigo tus fantasías, escríbeme a luisdv@gmx.es)

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