Relato porno Me follaron al aire libre y cumplí mi fantasia sexual xxx

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Me follaron al aire libre y cumplí mi fantasia sexual

Categoría: Fantasias, Hetero Comentarios: 0 Visto: 8603 veces

Ajustar texto: + - Publicado el 24/11/2014, por: admin

Había oído hablar de aquel bosque como punto de encuentro, pero jamás había ubicado el punto exacto donde ocurría la acción. Quizás fuera que cada vez que visitaba aquel lugar iba acompañado, y por lo tanto no me animaba a investigar el lugar en el que sucedía todo. Era un tanto frustrante, si debía ser sincero, puesto que una de mis mayores fantasías era tener sexo al aire libre. Cada vez que visitaba aquel lugar me imaginaba que debía ser fantástico mamar una verga ahí, bajo el cielo azul, rodeado de la vegetación del lugar.

Aquella idea me excitaba de sobremanera, y afortunadamente llegó el día en que pude hacer mi fantasía realidad, aunque al principio no sabía que en realidad también se me cumpliría otra fantasía a la vez.

Aquel día no tenía nada que hacer. Había salido a dar un paseo con un amigo, pero tenía toda la tarde libre, puesto que mi amigo debía trabajar. Iba de regreso a mi casa cuando me quedé pensando que solo necesitaba desviarme un poco de mi ruta para ir a aquel bosque. No me lo tuve que pensar dos veces.

Llegué al lugar y me puse a caminar por el lugar. Primero paseé por las zonas que conocía perfectamente, aquellas donde la mayoría de los visitantes paseaban. Había familias, parejas, amigos… lo normal en un lugar bonito y en un día que se presentaba cálido sin llegar a lo bochornoso.

Después de un rato tomé una desviación que jamás había tomado. Yo solía pasear por la zona norte del bosque, pero bien sabía que la acción acontecía en la zona sur, por lo que me dirigí hacia allá. Al principio no me encontré con nada, solo con unos cuantos corredores que a pesar de ir en ropa sexy o mostrar músculos definidos no parecían buscar nada, pues ni siquiera volteaban a ver a los demás.

—¡Qué desperdicio! —me dije a mí mismo cuando un chico vestido con un short y una playera de color naranja fosforescente pasó junto a mí. Independientemente de la ropa llamativa, lo verdaderamente interesante de aquel chico era su rostro y su cuerpo delgado y definido. Si aquel chico me hubiera dirigido una mirada mientras se sobaba la entrepierna lo hubiera seguido hasta el fin del mundo.

Seguí paseando, aunque lo único que conseguía era frustarme cada vez más. No parecía haber ni la menor seña de actividad gay en la zona. Lo único que me topé aparte de los corredores al llegar al extremo sur de la zona fue a una parejita hetero (los cuales se estaban dando un buen faje que me hizo sentir celoso) y de un tipo al que no me le quise acercar, porque aunque se agarraba la entrepierna me asustó el hecho de que empezara a discutir con alguien invisible.

—¿Dónde será la zona de ligue? —me pregunté a mí mismo mientras atravesaba una zona especialmente agreste—. ¿O será que hoy no hay nadie?

La respuesta me llegó unos cuantos pasos más adelante, al bordear un árbol. Había un tipo que parecía contemplar el lugar sin mucho interés. No supe por qué, quizás por mi radar gay (aunque no creo en eso), pero se me ocurrió que ese wey estaba buscando lo mismo que yo. O quizás fuera que tenía la mano en su entrepierna, aunque no se veía que estuviera apretando nada. Era un chico de estatura promedio, vestido con ropa holgada: bermudas y playera.

Me quedé parado donde estaba, como si yo también estuviera observando el lugar con desinterés. Mi mirada se cruzó con la del chavo después de un rato, y mientras me observaba yo me animé a sonreírle. Estaba a punto de apretarme la verga sobre el pantalón para ver su reacción, cuando me di cuenta que él ya se me había adelantado. La razón por la que tenía sus manos frente a su entrepierna era porque el tipo tenía la verga de fuera. Era una verga de unos dieciséis centímetros, a juzgar por la superficie que su mano cubrió cuando la tomó entre sus dedos.

Mientras contemplaba al chico que se hallaba frente a mí este comenzó a masturbarse lentamente. Volteaba a ver su polla y luego a mí, como si me invitara a acercarme a él y tomar aquel pedazo de carne entre mis propias manos. No obstante, me dio algo de miedo, pues aún nos encontrábamos en una zona donde éramos perfectamente visibles desde la pista donde pasaban todos los corredores.

Seguramente el chico notó mi inseguridad pues volvió a colocarse las manos de tal manera que no se le viera el falo que llevaba de fuera y me hizo señas de que lo siguiera; cosa que hice sin dudarlo un segundo.

El chico no hizo más que internarse más en la espesura que era la maleza de aquel lugar, hasta que quedó en un lugar donde no podía ya ser visto desde la pista para correr. Volvió a mostrarme aquella verga, la cual se encontraba completamente rasurada. Tenía el mismo tono de piel relativamente claro que su dueño, como ya dije algo grande (a menos que sean fans de los tipos con más de 20 cm, de los cuales la mayoría solo salen en películas porno), no muy gruesa, pero eso sí recta y cabezona como a mí me gustan.

Comencé a acariciar mi propio pene por encima de mi ropa, aún manteniendo mi distancia. Si algo me gusta del sexo es el juego previo que puede haber. Odio a los chicos que en cuanto te ven te piden el trasero para penetrarte, o que al contrario te ponen el trasero para que los penetres. No hay nada mejor que iniciar el contacto de manera visual, observando lo que el otro tiene para ofrecerte y también mostrando lo que tú puedes dar; para después pasar a la etapa de las caricias y los besos por cada pedazo de piel disponible para finalmente conseguir la compenetración de las zonas más íntimas de ambos…

Pero me estoy desviando de lo que contaba. En aquel instante me puse a acariciar mi pene, resaltando su forma sobre mi pantalón para que el chico con el que me había encontrado viera lo que tenía para ofrecer. Él seguía masturbando su miembro de manera lenta, sin ninguna prisa, como si quisiera ofrecerme aquel espectáculo para que quedara grabado en mi memoria.

Con pasos lentos, y hasta podría decir un poco vacilantes, me fui acercando a ese muchacho que me ofrecía su verga. Fui saboreando cada instante mientras yo mismo desabrochaba mi pantalón. Cuando hube llegado justo al lado de mi acompañante ya tenía el pito de fuera igualmente. Ahora que estábamos uno frente al otro podía ver que efectivamente su pene era más largo que el mío, pero el mío tenía de ancho lo que el suyo tenía de más en cuanto a lo largo. Y mientras el suyo parecía hasta lampiño, el mío tenía vellos un tanto largos, pues hacía un par de semanas que no me rasuraba.

Decidí ayudarle a aquel chico con la erección que se cargaba, así que deslicé mi mano izquierda hacia su miembro. Él inmediatamente retiró su mano para que yo pudiera tomar su verga en toda su gloria. Era fantástico sentir aquel falo con su longitud y su cabeza que empezaba a destilar precum entre mis dedos. Formé un anillo con mi dedo índice y el pulgar y lo deslicé desde la punta hasta la base de aquel tronco moreno, sintiendo como mi acompañante casual disfrutaba de aquella caricia.

Esperaba que él me regresara el favor acariciando también mi pene, pero en lugar de eso el chico de la ropa holgada aprovechó para meter mano por la cintura de mis pantalones y de mis bóxers para comenzar a acariciar mi trasero. Aparentemente era de esos chicos que se las daba de solamente activo, pero por mí estaba bien. Tenía unas manos rugosas que producían un tacto excelente al deslizarse por la piel que recubría mis nalgas, las cuales he de decir que están bastante bien.

Para facilitarle las cosas al otro me ladeé un poco, de tal manera que quedáramos parados uno al lado de otro y yo pudiera seguir jalándole la polla mientras él acariciaba mi potito con más libertad. Sin embargo, al darme la vuelta pude ver a un chico que estaba más allá (del lado contrario a la pista para correr) que nos miraba atentamente. Bueno, aquello no era del todo sorprendente. Cuando visitaba un lugar de cruising estaba acostumbrado a los mirones, los cuales a veces me parecía que abundaban más que los hombres que iban a meter mano. El chavo que nos estaba viendo desde una distancia considerable era alto, delgado y moreno; atractivo, diría yo. Vestía ropa ajustada que dejaba ver un rico bulto que se estaba acariciando mientras nos observaba.

El muchacho de ropa holgada que me acompañaba vio que andaba mirando algo más allá, y notó al chico que nos observaba. El otro muchacho ni siquiera nos veía a la cara, más bien creo que estaba entretenido contemplando directamente como mi mano masturbaba aquella verga que sostenía. Aun así, mi acompañante llamó su atención con un gesto de la mano y después con la cabeza le indicó que se acercara. No tuvo que repetir ese gesto, pues inmediatamente el mirón sonrió y comenzó a caminar hacia donde nos encontrábamos nosotros (aunque tuvo que dar un rodeo pues la maleza era traicionera entre él y nosotros).

Le di un apretón con toda la mano al pito que sostenía a causa de los nervios. Jamás había estado con dos hombres a la vez, siempre había estado con uno solo. Claro que tenía ganas de hacerlo, pero estaba acostumbrado a que cuando quedaba con alguien fuera solo con uno, y cuando visitaba algún lugar de cruising como decía antes abundaban los mirones que aunque los invitaran jamás hacían nada. Cuando yo me encontraba en un lugar así solo un chavo se animaba a meterme mano, y los demás o se ponían solo a mirar o formaban sus propias parejitas. Varios hombres teniendo sexo en la misma zona, pero cada uno con su pareja, no era mi idea de orgía; ni tampoco la de irme detrás de otro cuando acabara con el primero.

El chavo que nos había estado observando en un primer momento llegó al lugar. No supe si fueron los nervios u otra cosa, pero aquel hombre me pareció bastante guapo. El de la ropa holgada no estaba mal, pero aquel chico de facciones afiladas, cuerpo delgado y piel morena me pareció aún más guapo.

—¡Qué onda! —dijo el recién llegado mientras veía como el de la ropa holgada me acariciaba las nalgas.

—¿Te animas o no? —preguntó el primer chico con el que andaba.

Por toda respuesta el recién llegado se desabrochó el pantalón y dejó su verga al aire mientras se paraba justo a mi derecha. El tipo de la ropa holgada se conformó con acariciar solo mi nalga izquierda, así que el muchacho delgado pudo acariciarme la otra mientras yo tomaba su miembro. Era un pene de tamaño similar al mío, pero no tan grueso, aunque quizás fuera ligeramente más largo debido a que estaba curvado hacia arriba. Me encantó apretar aquel pito entre mis dedos, acariciar la curva que formaba y sentir la suavidad de la piel que lo recubría al mismo tiempo que sentía las manos de dos tipos acariciando mi culo, una directamente y la otra por encima de la ropa.

—¿Eres pasivo? —me preguntó el chavo delgado.

—Inter, en realidad —le contesté entre gemidos. La verdad me prendía bastante el como me estaban acariciando el culo.

—Interesante —comentó el chico para después soltar una ligera risa, quizás por el juego de palabras que había hecho—. ¿Y tú? —le preguntó finalmente al chavo de la playera holgada.

—Activo —contestó el wey mientras dejaba que su mano se deslizara hasta encontrar mi agujero—. Aunque también la mamo.

—¿Estás pensando lo mismo que yo? —dijo provocadoramente el delgado.

Por toda respuesta el otro le dio una sonrisa. Yo no estaba seguro de en qué estaban pensando aquellos tipos, así que tuve que dejarme llevar por unos instantes antes de comprenderlo. La zona en la que nos encontrábamos era relativamente grande, extrañamente la maleza no había crecido en aquel círculo, por lo que teníamos cierta libertad de movimientos. Me sorprendió que el chavo de la ropa holgada se quitara inmediatamente las bermudas que llevaba, dejando a la vista unas piernas fornidas y cubiertas de un vello espeso. Mientras tanto, el otro chico se acomodó el pantalón para que su verga quedara por fuera sin problemas, se sentó en el suelo y me hizo señas para que me sentara a su lado. Estaba un tanto confundido, pero aun así le hice caso.

Mis dudas se despejaron cuando el otro muchacho se sentó de tal manera que los tres quedamos formando un triángulo en el lugar. Caí en la cuenta de lo que pretendían justamente cuando ambos se agacharon para agarrar verga de quien le había quedado a la derecha (la mía en el caso del joven delgado y guapo, y la de este en el caso del primero con el que me había encontrado). Me pareció una idea genial, así que me incliné hacia el hombre que se había quitado completamente el pantalón para poderme tragar aquella herramienta de dieciséis centímetros. Tenía un ligero sabor a precum que me agradó, aunque el verdadero placer provenía de tener al alcance de la mano aquellas piernas velludas. Era genial sentir la textura de aquellos vellos que se enmarañaban en contraposición con la carencia de pelo en la zona íntima que se encontraba dentro de mi boca.

Aunque poder acariciar aquellas piernas cubiertas de vello estaba genial, tampoco estaba mal chupar una buena polla mientras alguien más mamaba la tuya. Era una sensación diferente a la de un 69, quizás porque no se encontraban todos los cuerpos en contacto, sino que solamente sentías la cabeza del otro entre tus piernas, mientras que tú te hundías en la entrepierna de alguien más.

El chico guapo no se conformó solo con comerse mi polla, sino que además aprovechó para meterme su mano por detrás y comenzar a rozar mi pequeño agujero que se escondía entre mis posaderas. Me gustó la manera en la que su dedo delgado recorría los bordes de mi agujero para después perderse lentamente en él.

—Tienes un culo hambriento —comentó aquel chico cuando me empezó a meter un segundo dedo.

—Es que hace mucho que no come —le respondí con lujuria.

El chico de la ropa holgada dejó de mamar la polla curvada del otro, y aprovechando que ya nadie hacía sexo oral se quitó la playera, dejando a la vista un torso con una ligera panza, donde el pecho resaltaba gracias a los vellos que lo cubrían. Quizás no fuera un cuerpo de modelo, pero su visión me excitó.

—Quítale el pantalón —ordenó aquel mientras se apretaba la polla al chico que aún me estaba penetrando con sus dedos.

Pude haber protestado, pero no lo hice. Mi único motivo de queja podría haber sido el hecho de que el muchacho guapo me sacara los dedos, pero en cuanto vi al de la pancita hurgando en sus pantalones por un condón supe que aquello sería bueno. El tipo aún me estaba sacando el pantalón cuando yo ya me estaba acomodando de perrito, de manera que dejé mi trasero apuntando hacia el joven desnudo.

—Así que tu culo hace mucho que no come —comentó aquel chico mientras frotaba su glande por mi anito—. Pues hoy te voy a dar hasta que quedes lleno.

El chavo delgado no se quedó al margen de la acción, sino que tomó mis nalgas separándolas para ofrecer un mejor acceso a mi hoyito para el otro. Además me escupió en la zona, de tal manera que su saliva sirviera como una especie de lubricante.

El chico de vello en pecho finalmente se decidió a penetrarme. Su polla podía no ser muy gruesa, pero cada centímetro de los dieciséis que me metió me dolieron hasta el alma. Quizás porque lo hizo rápidamente, o tal vez porque en realidad hacía mucho que no me follaban por el culo. En cualquier caso, hubiera escapado de eso si el tipo no me hubiera sostenido fuertemente por la cintura. Pero lo hizo, así que tuve que aguantar aquel pedazo de carne caliente que parecía quemar mis entrañas mientras sentía dos pares de manos que sostenían diversas partes de mi cuerpo y me obligaban a permanecer inmóvil.

El dolor que sentí me obligó a soltar un quejido, un grito ahogado mientras la expresión de mi rostro se crispaba. Cerré los ojos con fuerza, como si de esa manera pudiera hacer menos agudo el dolor.

—¿Pues no que tenías un culo hambriento? Pues ahora te aguantas —dijo el tipo que me estaba enculando.

Mientras decía aquello me sacó su pene a medias para después volver a encajármelo con fuerza. Aquello solo me hizo soltar otro quejido, sin embargo, en realidad no quería que aquel hombre sacara su miembro de mi interior. Sabía que el dolor y el ardor provocados por su embate sería solo temporal, y después de aquello sería una delicia sentir aquellos dieciséis centímetros de carne horadando mi culo.

El muchacho atractivo no me dejó enfrentarme al dolor sin más. Sus manos soltaron mis nalgas, se coló debajo de mí y comenzó a acariciar cada centímetro de mi piel que quedaba a su alcance. Sus caricias me hicieron olvidar parcialmente el dolor de mi culo, especialmente cuando su boca se prendió de mi falo. Fue todo un alivio en cuanto sentí como mi glande tocó sus labios, como si aquel placer se expandiera por mi cuerpo y luchara con el dolor que sentía en mi trasero.

En tanto sentía aquellas manos que me acariciaban y como esa linda boca chupaba mi polla, me di cuenta que el pito de ese chico me quedaba justo al alcance de mis labios. Como ya había dicho, era una verga que se curvaba hacia arriba, con una longitud aproximada de trece centímetros, pues eso era lo que medía la mía. Estando en esa posición hice lo que me dictó el instinto, completar el 69 mientras el otro tipo seguía penetrándome el culo.

Poco a poco aquello se volvió una delicia. El placer de hacer sexo oral al mismo tiempo que lo recibía me ayudó a sobreponerme al dolor de la penetración, de tal manera que este terminó por convertirse en placer. Jamás en la vida había podido experimentar el gusto que implicaba tener una polla llenando tu boca, otra colmando tu recto y sentir tu propio pene en una húmeda y cálida cavidad. Había momentos en que el chico que se encontraba debajo de mí sacaba mi pene de su boca, pero solo lo hacía para con su lengua recorrer todo mi falo, pasar por mis testículos y continuar más allá, hasta lamer las bolas del tipo que me estaba penetrando. Suponía lo anterior porque cada vez que la lengua del chico atractivo perdía contacto con mi cuerpo el otro joven dejaba de mover sus caderas y soltaba un fuerte suspiro. Si no hubiera tenido la boca llena yo también habría soltado suspiros así cada vez que el tipo guapo lamía mis testículos.

Estuvimos un rato así, hasta que el tipo de abajo dijo que él también necesitaba sentir una buena verga en su culito. Fue muy excitante, pues mientras lo dijo pude ver claramente como metía su mano entre sus piernas y frotaba con sus dedos su ano.

—No quiero soltar a este wey —dijo el tipo del pecho en vello mientras me daba rápidamente.

—No es necesario que lo hagas —contestó el otro chico saliendo de debajo de mí.

Aquel tipo delgado terminó de sacarse la ropa frente a nosotros. Tenía un cuerpo delgado y definido, que me parecía bastante agradable incluso si me lo hubiera encontrado en un cuarto oscuro con la única guía de mi tacto. Sin embargo, bajo la luz del sol que arrancaba un brillo broncíneo a su piel morena, y con el verde amarillento de la hierba que nos rodeaba de fondo resultaba espléndido.

El joven delgado comenzó a guiarnos para que el tipo que me penetraba quedara tumbado boca arriba y yo sentado sobre de él, todo sin que tuviera necesidad de sacar su pito de mi recto. También aprovechó para con el movimiento sacarme la playera que llevaba puesta, de tal manera que en ese momento quedamos los tres prácticamente desnudos en el lugar.

—Ahora solo recuéstate tú también —me dijo amablemente el chico atractivo empujándome por el pecho para que quedara prácticamente recargado sobre el tipo que había vestido la ropa holgada, usando mis brazos para mantenerme ligeramente arriba.

—¿Sabes que así podríamos penetrarlo entre los dos? —comentó el primer hombre con el que me había topado aquel día.

Un escalofrío me recorrió la espalda al oír aquella idea. No sabía si en realidad estaba interesado en una penetración doble. La idea me parecía atractiva hasta cierto punto, pero considerando que ya me había dolido que me había penetrara un solo miembro quizás no fuera muy buena idea tener dos. Seguramente dolería más y entonces ni siquiera el placer compensaría el dolor.

El chico delgado frente a mí pasó uno de sus dedos por mi perineo, como si estuviera planteándose seriamente el penetrarme. Primero miraba la zona por la que deslizaba su dedo, el cual llegó hasta los límites de mi ano, pero posteriormente volteó a verme directamente al rostro. La sonrisa que se dibujó sobre su rostro me quitó el aliento, y no fue porque me gustara mucho, sino porque estaba convencido que se había decidido a realizar la doble penetración. Ni modo, me tocaría aguantarme e intentar disfrutar a pesar del dolor.

—Lo haría si no fuera porque en realidad me muero por tener esta cosa hasta el fondo —dijo el muchacho moreno agarrando mi verga entre sus manos.

Aquella declaración me hizo respirar nuevamente. La idea de penetrar a ese atractivo muchacho no me provocaba dudas: quería hacerlo. Aunque el joven no tenía mucho trasero (casi nada, en realidad) estaba seguro de que disfrutaría de cada centímetro de mi miembro que se perdiera dentro de aquel cuerpo.

—Pues tú te lo pierdes —opinó el chavo que se encontraba debajo de mí al mismo tiempo que movía su cadera para reiniciar el mete y saca que habíamos interrumpido al cambiar de posición.

Sin embargo, tuvo que detener su movimiento otra vez para que el otro pudiera montarse sobre mí y clavarse mi herramienta tras haberme colocado un condón. Me sorprendió la rapidez relativa con la que lo hizo, pues solo puso sus piernas a mis costados, tomó mi polla con una mano apuntándola hacia su ano y comenzó a sentarse sobre mis caderas. Sentí como las paredes de su recto apretaban mi falo, demostrando que ese era un agujero muy estrecho. No obstante, a pesar del grosor de mi pene el chico no se detuvo en ningún momento hasta que sus posaderas se asentaron sobre mí. Además, su cara no expresó ningún dolor. Lo máximo que el joven hizo fue cerrar sus ojos e inhalar profundamente

Tal como lo supuse, penetrar ese culito era delicioso. Sin embargo, no había tenido en cuenta que yo también estaba siendo penetrado al mismo tiempo, por lo que el placer era el doble. aquella era la sensación más maravillosa que había experimentado en mi vida. Al estar en medio era yo quien movía las caderas, y era riquísimo sentir como mi pene se perdía en el culo del moreno cada vez que me movía hacia delante y como el pedazo de carne del chico de la panzita se me enterraba cuando la movía hacia atrás. No había instante en que no sintiera placer en aquella posición.

Sabía que no sería capaz de aguantar mucho tiempo en esa posición. Mi respiración comenzó a acelerarse casi al mismo tiempo que mis movimientos de cadera. El hombre debajo de mí movía igualmente sus caderas para lograr un mete y saca más profundo, y el chico sobre mí comenzó a mover sus caderas en círculo mientras me sonreía coquetamente. Era sumamente excitante ver su cuerpo delgado cubierto por una ligera capa de sudor, moviéndose mientras las paredes de su recto masajeaban mi pene.

—¡Me vengo, me vengo! —exclamé cuando sentí mi orgasmo aproximarse.

El joven debajo de mí pareció arreciar sus movimientos para hacer el mete y saca más rápido del encuentro, mientras que el muchacho sobre mí hizo algo que no me esperaba: me dio un beso. Aquellos labios delgados contra los míos me llevaron literalmente al cielo, y sentí como mi pene se vaciaba mientras esa boca se frotaba contra la mía. Por el otro lado, me di cuenta que el tipo de vello en pecho también había alcanzado su orgasmo, seguramente como consecuencia de las contracciones de mi recto. Lo noté porque el tipo metió su miembro lo más adentro que pudo y ahí lo dejó mientras suspiraba ruidosamente.

Nos quedamos un momento así. El chico que se encontraba sobre mí me daba besos que yo correspondía y frotaba su nariz contra la mía mientras el éxtasis del orgasmo se desvanecía lentamente. Finalmente el joven se puso de pie, sacándose mi polla de su interior y yo hice lo mismo con el tipo que se encontraba bajo de mí, aunque yo no me puse de pie, sino que simplemente me levanté solo lo suficiente para liberar aquel pito de mi trasero y volverme a sentar, pero esa vez sobre el pasto.

Me quedé contemplando al chico moreno que se encontraba frente a mí. Su cuerpo era realmente bello. Su único defecto era la falta de trasero, pero con aquel torso con los músculos ligeramente marcados y aquella verga que se alzaba elegantemente sobre su cuerpo rodeada por un vello bien recortado lo de las nalgas pasaba desapercibido.

Mientras contemplaba aquel cuerpo moreno perfecto, recordé que él no había llegado al orgasmo como el otro tipo y yo.

—¿Quieres venirte? —le pregunté.

—Solo si me ayudas —respondió el chico con aquella sonrisa coqueta que me empezaba a gustar.

Por toda respuesta me acomodé de rodillas justo frente a su entrepierna y me lleve su miembro a la boca. Disfruté cada milímetro cuadrado de la superficie de aquel miembro curvado, y a juzgar por la expresión del rostro de aquel chico él también estaba gozando con la mamada que le estaba dando.

El otro tipo se puso de pie y comenzó a vestirse sin decirnos palabra. Yo no podía decir nada con la boca llena, y aparentemente el muchacho moreno se encontraba muy entretenido con el sexo oral como para prestarle atención al otro. Una vez que el chavo de la ropa holgada terminó de vestirse se retiró, dejándonos al joven moreno y a mí solos.

—Eres muy guapo —me dijo él acariciando mi cabeza.

—Gracias —le contesté mientras tomaba su polla con mis manos para masturbarlo—. Tú también lo eres.

Continué masturbándolo al mismo tiempo que pasaba mi lengua por su glande. Él empezó a gemir con fuerza, e instantes después su falo comenzó a lanzar chorros de semen justo hacia mi cara. La mayoría de aquel fluido cayó dentro de mi boca abierta, aunque hubo un par de chorros que cayeron en mi barbilla y mi mejilla derecha.

Disfruté del sabor alcalino de la sustancia que tenía en la boca. No había nada que disfrutara más que deslechar a un hombre y después tragarme sus líquidos eyaculatorios.

El tipo bajó para quedar frente a mí, para luego obligarme a recostarme sobre el césped mientras él hacía lo mismo sobre mí. Recorrió mi rostro con su lengua limpiando el semen que tenía sobre la piel. Posteriormente me besó, compartiendo conmigo el sabor de su leche. Nuestras lenguas se enredaban la una con la otra al mismo tiempo que nuestros cuerpos desnudos se frotaban entre sí.

—Eres fantástico —me susurró él al oído cuando nos cansamos del beso, lo cual tardó un rato.

—No más que tú —le contesté estrechándolo entre mis brazos.

Aquel era un momento sencillamente perfecto. Me encontraba abrazado a un guapo chico tras haber cumplido dos de mis fantasías sexuales al mismo tiempo.

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