Relato porno La tribu Salvajes! Prisionero xxx

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La tribu Salvajes! Prisionero

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Ajustar texto: + - Publicado el 12/03/2016, por: Anonimo

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Soy un hombre de más de 50 años, algunos dirán viejo, pero en mi caso soy físicamente joven y si se quiere sexy. Tengo piernas, muslos, cola y tetitas femeninas, blancas, carnosas, bien torneadas y lindas y mi piel es muy fina y suave en todo el cuerpo y cuando me depilo entero quedo así…

Quise y quiero ser sexualmente pasivo, por elección y adopción y tener de amante a un señor serio, sexualmente activo, aplomado y culto, y si el quisiera compartirme con sus amigos yo no me opondría.

En una época creí haberlo logrado, pero las cosas fueron por otros andariveles…

Mi amante fue un señor de la alta sociedad Africana, físicamente apropiado porque tenía un órgano sexual impresionante.
Cuando manteniamos relaciones demoraba como media hora para entrar en mí cola, yo siempre ansiaba tenerlo bien adentro y para lograrlo mi entrega debía ser total.
Toda vez que lo haciamos la invasión de semejante “cosa” me paralizaba totalmente el cuerpo y me mareaba hasta casi desmayarme y me quedaba sin aliento cada vez que empujaba.
Dilatandome más y más entraba muy lentamente y una vez adentro y cuando yo me acostumbraba a eso tan grueso y largo, me cabalgaba como un potro y me hacia gozar a mares mientras exploraba todas mis entrañas hacíédolas brotar de a poco hasta que salían casi todas afuera y se ceñian a su pene como si fueran un guante. Creo que el también gozaba por que gemía y bufaba mientras me

iba penetrando y cuando ya lo había logrado introducir entero, gritaba durante todo el “descuartizante” coito. Y me decia! Amor. Mi vida! Y chillaba cuando le sobrevenía el orgasmo y me inyectaba todo su caliente y espeso semen hasta lo más profundo de mi cuerpo.
A veces creia que lo sentía en el estómago, aunque se que eso no es posile.
Muchas veces perdí el conocimieno mientras me poseia, de tanto gozar y de esforzar mis esfinteres a abrirse.
Trataba de penetrarme todas las noches, pero cogerme le demandaba mucha dedicación y tiempo y a veces sus ocupaciones no se lo permitian, pero al día siguiente y como para resarcirme, luego de lograr entrar en mí, se quedaba allí todo el tiempo que podía y nos corríamos, juntos, cinco o seis veces seguidas sin que me la sacara.
Esa ocupación, que nos llevaban horas, me dejaba desmadejado, despatarrado, agotado, con la cola muy abierta y rebosante de semen del que me subía un pegajoso gusto a esperma en la boca.
Yo recién podia volver a caminar al otro medio día porque los músculos de la cola, la pelvis y la cadera me quedaban muy distendidos, separados, blandos, machucados y fláscidos y no tenía fuerza para cerrar la cola y menos para caminar.

En una oportunidad, que fue la última vez que lo ví, me había llevado de safari con un grupo de señores de la alta sociedad, también Africanos.
En nuestra carpa, casi nunca dormíamos porque me hacia el amor todas las noches. Parece que sus amigos no lo sabían porque nunca comentaron, ni insinuaron, ni intentaron nada a pesar que los dos gemíamos y gritábamos mientras me cogía y yo quedaba medio día acostado para reponerme.
Yo insistía con que los invite, porque quizás ellos también querrían hacerlo, a mi me hubiera gustado, como aventura sexual, “comerme” a sus amigos y quizás el hubiera disfrutado al verme violado por otros, pero no, este celoso me quería solo para el. Uffa!

Una noche, mientras estaba en la mitad del nocturno trajín de enterrárme su inmenso y paralizante pene y yo muy concentrado en entregarme y en abrirme todo lo que podía, se escuchó un lio tremendo. Tiros, gritos y despues silencio. Eso nos alteró tanto que, como ya la tenía muy adentro, nos abotonámos apretadamente. No pudimos sacarla y cuando tironeamos mis carnes brotaron inflamadas y con cada tirón me las sacaba más y más afuera mientras yo gritaba como loc@.
En eso entró un nativo. Seguramente porque escuchó mis gritos.

Ese inesperado, pornogáfico y obsceno cuadro de descuartizamiento anal que encontró, yo con las entrañas casi todas afuera y semejante “cosa” enfundada con mis carnes, tironeando desde adentro de mi cuerpo arrancándomelas, lo paralizó y quedó mirándonos desorbitado, nunca habría visto tremendo espectáculo y, desde el momento en que se dió cuenta de que era sexo lo que ocurría le creció un bulto inmenso bajo su taparrabos, mostrando que tenía un pijon descomunal.
Cuando reaccionó trajo al que parecía ser su jefe y a toda su pandilla. Miraron, cuchichearon y se relamieron por un largo rato mientras yo gemía del placer que me daba ese descuartizamiento feróz de mi cola y la cara de lujuria y ansiedad de nuestros espectadores que miraban hipnotizados.
A todos se les notaba un inmenso bulto en el taparrabos, algunos muy en punta con una aureola de humedad que se iba agrandando y otros chorreado sus líquidos por debajo del taparrabos. Que grande la tenian! Y que “húmedos” estaban!
– Seguro que me van a violar todos – Pensé – Como será? – Me va a gustar? – Parece que tienen grandes aparatos! Mmmmmmm! – Me relamía y asustaba mientras tironeabamos.

De repente, no soportaron más ese espectáculo y quisieron separarnos, seguro que para abotonarse ellos también. Cinco tiraron desde mí cola, clavando los dedos en mi inmenso agujero y otros de los cintura de él.
Tiraron hasta que me lo arrancaron de adentro, llevandose también parte de mis carnes, que quedaron inflamadas, rojas, colgando afuera de mí.

No se que hicieron con el, pero a mi me cogieron
todos y varias veces cada uno muy alterados. Tenían muchas ganas de sexo!

Sumando al jefe eran treinta nativos y todos me inyectaron muchas inmensas y cremosas acabadas, bien adentro de mi cuerpo porque eran superdotados como se supone que deben ser todos los Africanos y además tenían mucho semen.

Ni bien me penetró el primero tuve un largo orgasmo involuntario, mientras lentamente me iba dilatando las entrañas, entrando y entrando.
No terminaba nunca de entrar, mientras yo derramaba mi semen.
Mi corrida fue instantanea por lo inusual y morboso de la situación y así eyaculé todas las veces que me entraba uno.
Yo chorreaba leche contantemente mientras ellos me inyectaban su semen por la cola y me
derramaba de nuevo con cada una de esas inyecciónes.
Fue exquisito sentir sus estertores, sus temblores, sus contracciones, su desesperación por acabar y las vibraciones de todos y de cada uno de ellos al vaciarse dentro de mí y sentir esa copiosa, espumosa y espesa leche caliente que invadía mi cuerpo, de prepo, sin consentimiento mío, uno tras otro, sin descanso y el terrible extertor que tenían esos enormes e inchados miembros dentro de mí, cuando se les terminaba el semen.
Su esperma se fue desparrando en todas mis entrañas, impregnando y lubricando hasta mi último rincón haciendo surgir su pegajoso y fuerte gusto en la boca que se hacia más denso con cada acabada que tenían dentro de mí.
Me dejaron destrozado, sin fuerzas, casi desmayado.
Había sido lindo ser violado por muchos! Mi cola ya venía muy distendida de la abotonadura anterior. Sumando todos esos polvos, me quedó monstruosamente abierta, descuartizada, distendida, dilatada, colgando y chorreando y con contacciones que continuaron por un largo rato. Si la quería cerrar no me respondía.

Después de cogerme hasta que se hartaron me hicieron sentar y me amamantaron uno tras otro y todos me acabaron en la boca mientras gemian y gritaban.

Los que no estaban acabando dentro de mi boca bailaban y cantaban, esperando su turno.

Quisieron hacerme caminar pero no pude, me caia de dilatados y fláscidos que estaban mis músculos, entonces me alzaron y me llevaron al hombro. Mi estómago palpitaba y mi cola se abría y estiraba largando semen y yo estaba mareado, como en una nube.

Quedé prisionero de esa tribu de salvajes.

Parece que querían guardarme para usarme como objeto sexual, inyectando el esperma de todos los nativos dentro de mi cuerpo.
Descubrí que en muchas millas a la redonda había muy pocas mujeres. Además creo que mucho no les gustaban.

Por lo que escuché, aunque no entedí lo suficiente, parece que su plan era pervertirme al extremo de conseguir tenerme a su antojo y lujuria y que yo no me quisiera ir.

Cuando nos vieron llegar, yo alzado, con la cola roja, con un agujero inmenso y muy expuesta y en franca oferta, ya que estaba a orcajadas sobre el hombro de uno de ellos. La emprendieron a los gritos.
Entonces, mis captores, pregoraron que todos tenian para coger y el que tuviera ganas ya podía hacerlo, entonces se agruparon no se cuantos, me manotearon, me chuparon todo el cuerpo con muchas bocas mientras yo me retorcía como víbora y me tumbaron sobre una especie de colchón, me pusieron en cuatro y con mi cola parada, obscenamente abierta y ofertando, se atropellaron para cogerme y acabarme adentro. Gritaban de felicidad y goce y todos me penetraron muy desordenadamente.
Hacia mucho que no lo hacian y yo los dejé hacer, asustado pero encantado de tener tanta carne y semen adentro. En un rato ya habia sido violado por 50 o más. Mi agujero me ardía por la cantidad de semen que chorreaba, y se contraía y abría solo por las veces que me habían penetrado. Hasta me encontré morbosa y ansiosamente esperando a que vinieran má a violarme.

En menos de una semana ya habían entrado y salido de mi cola más de 350 nativos muy dotados y llenos de esperma. Me echaron más de 700 polvos, ya que casi todos lo hacian dos o más veces seguidas!
Yo ya tenia tanta leche acumulada, más de 20 litros!, que constantemente sentía ese regusto pegajoso que surgia de mi garganta y cuando me sacudían a lo bestia, cogíendome, sentía que se batía cada vez más espesa dentro de mí. Se estaba haciendo como manteca de tamto batir . Me gustaba y ya lo deseaba…

Comenzaban a violarme no bien salia el sol, y algunas veces antes o mientras yo estaba dormido. Me desperaba cuando me acariciaban y sin demora me clavaban un pijón y lo hacían hasta muy entrada la madrugada y a veces hasta la otra mañana y con cada eyaculación que me inyectaban crecía en intensidad ese fantasmal gusto pegajoso en mi boca y también crecia el ancho de mi cola.

Los segundos que pasaban entre que salia uno de mí, todavía chorreando y entraba otro, me ponían muy ansioso. Quería más y más. Tenía la cola tan sensibilizada que me palpitaba y escocía si no tenía algo adentro.

Una mujer me cuidaba, todas las mañana, muy temprano, si no había uno cogiendome, me masajeaba con aceites y me depilaba. A veces tenía que esperar que se vaya mi “cliente” madrugador.
Con una cánula me sacaba el exceso de semen que me inyectaban, hasta que le pedí que no haga más porque me gustaba esa espesa crema que llevaba adentro y estar desbordando semen y sentir ese gusto que me brotaba de la garganta constantemente.

Ella me alimentaba y me preparaba para ser violado por todos. Me daba masajes en la cola y más exactamente en mi raja hasta que yo pedia, a gritos que ya me penetraran de una vez.
La orden era que yo tenía que ser violado constantemente y solo me daban tres horas para descansar y así y todo me hacían dormir boca abajo por si alguien quería hacerlo mientras yo dormia. A veces quedaba despierto rogando que viniera alguien, lo que sucedía siempre.

Cuando demoraban en llegar, la señora se regocijaba pajeandome la cola con su puño o con un aparato similar a un consolador que creo era de madera muy lustrosa, impregnada con grasa.
A ella le gustaba hacerlo porque se corria varias veces mientras me masturbaba y a mi me gustaba mucho que mantuviera abiertos mis esfínteres.
Cuando llegaban me cogían uno tras otros sin parar, atiborrandome de leche y si eran pocos traían a los de otras tribus.
Llegaban en bandadas y me impregnaban varias veces cada uno, todos los días y ya casi de mañana o hasta el pleno día.
Cuando se les ocurría dar por terminada las “visitas”, remataban la “fiesta” con uno que tenía un pene descomunalmente grande, largo, grueso y reluciente como nunca vi, creo que lo hacian para dilatarme del todo o quizás, tambien para que yo me “desquitara” de los que me habian penetrado con un pene muy pequeño, que en realidad eran molestos.

Ese señor me dilataba todas las entrañas y su semen era tanto y estaba tan caliente que me escocía la cola cuando me lo inyectaba. Nunca se la mamé, no se porqué, aunque me hubiera gustado sentirlo acabar en mi boca.
En el mismo momento en que el me cogía, varios jovencitos muy jovencitos, me daban su semen una y otra vez. Se acuclillaban sobre mí con sus suaves, regordetes y hermosos muslos a los lados de mi cara y metían sus miembros en mi boca, mientras yo se los “comia” a besos se vaciaban haciéndome tragar todos sus juguitos. Yo lo hacia encantado.
Al principio me agotaban, pero ahora no, yo podia seguir siendo cogido muhas horas más.
Siempre terminaba la jornada con mi agujero sumamente abierto, terriblemente dilatado, temblando, lleno de espasmos incontrolables (La cola se me cerraba y abria involuntariamente como si aún la estuvieran torturando) y mis carnes anales quedaban mas blanditas que papilla, y siempre sobresaliendo o colgando de mi cuerpo y chorreaba semen de la boca, de la cola y tenía todo el cuerpo bañado en leche.

Mi “guardiana” me lo abría con ambas manos, expandiendolo muchísimo y a veces me metía las dos hasta donde llegaba, batiendome todo el esperma que había acumuulado.

Creo oportuno relatar lo que se siente y como se siente esa ansiedad que nace de la necesidad de ser penetrado constantemente, luego de haber sido tan enviciado.
Es un necesidad absoluta de sentir algo entrando y saliendo, rompiendo y dilatando la cola y las entrañas.

Si nadie lo hace, los músculos comienzan a dilatarse y comprimir temblando con desesperación y se siente como una gran comezón y ansiedad por ser abierto y bien cogido. Fiebre anal?
Yo no se como, pero no bien veia venir un pene, la cola se me autolubricaba, debe ser por que el

continuo ejercicio y roce a que fueron sometidas sus paredes por tanto tiempo, se transformó en todo un órgano sexual. La cosa es que esta ansiedad no finalizaba hasta que me penetraban muchos o me dilataban la cola con cualquier cosa que sea y me dejaban agotado, a veces ni así terminaban mis ansias.
Cuando la señora me veía así y ya no quedaba ninguno que me penetrara, ella me lo abría con uno o sus dos brazos y me pajeaba la cola haciendo como manteca de toda esa leche, hasta que yo me desmayaba de placer mientras ella eyaculaba ferozmente una una y otra vez.

Lucio

nuevolucio@hotmail.com

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