Relato porno Iniciándome con mi primo Andrés. xxx

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Iniciándome con mi primo Andrés.

Categoría: Gay Comentarios: 0 Visto: 8818 veces

Ajustar texto: + - Publicado el 30/08/2016, por: toniblue

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Desde que era un niño he tenido un vicio, y ese vicio son los hombres. Vicio, por imaginarme mil situaciones donde cada individuo que se cruza por mi camino, es victima de mis villanías sexuales. Siempre he sido un hombre tímido, un poco introvertido y difícil de tomar la iniciativa, así me muera de ganas por hacerlo.

Como muchos niños o jóvenes en plena pubertad, comencé viendo películas soft porn, y frotándome inocentemente mis partes mientras veía aquellos infames films donde no te muestran absolutamente nada de lo que realmente quieres ver.

Todo en mi temprana edad en relación a mi despertar sexual era; además de fantasear con lo visto en las porno, jugar con dos primos, que eran uno o dos años mayores que yo. Jugábamos a mil cosas, pero todas con un toque sexual donde yo era básicamente la mujercita de ambos. Esos fueron los momentos favoritos de mi niñez, cuando me tocaban entre los dos y se turnaban para que yo los manoseara a ellos. Recuerdo que sacaban sus tiernos penecitos y me los frotaban en mis nalguitas simulando sexo. Así fueron varios meses o años, realmente no recuerdo. Por razones de la vida nuestras familias se distanciaron y cada cual siguió su curso y mi adolescencia fue solitaria y sin ningún atisbo de sexualidad, excepto las constantes masturbaciones que me provocaba.

Pero con el tiempo todo mejoraría… Después de varios años de no tener ningún tipo de contacto físico con nadie, años de soñar despierto con mis amigos heterosexuales de la preparatoria, con los profesores y cualquier hombre en sí que me pareciera mínimamente atractivo; un día, y tras no saber nada de mis queridos primos, uno de ellos estuvo de visita en mi casa saludando de nuevo a mi familia. Su nombre es Andrés, en ese entonces ya rozaba los quince años y yo por ende, debía tener unos trece. Andrés era ahora un jovencito delgado, con acné y con sus primeros vellos faciales asomándose, ya no había rastro del niño que me manoseaba a diestra y siniestra años atrás.

Aquel día, sólo estaba mi madre conmigo, y ya que eran horas de la mañana y mi mamá aún no se había bañado, era de esperarse que ella se ausentara en cualquier momento. Y así sucedió, mi madre fue a bañarse, dejándonos a mi primo y a mí por un momento solos, con la casa a disposición de nosotros. Recuerdo sentir algo de nervios por tenerlo cerca y recordar remotamente lo que hacíamos en nuestra infancia, no se sí él habrá sentido lo mismo, pero siento que de alguna manera lo hacía porque buscó la forma de acercarse más a mí.

Recuerdo que empezamos a jugar con el perro o mascota de mi hogar, y fue entre juego y juego y cada vez más cerca el uno del otro, que él tomó la iniciativa de estirar su mano y tocar mi entrepierna por encima del pantaloncillo que llevaba puesto; fue un detonante inmediato de emoción, tuve una erección al instante y mi timidez se fue poco a poco.

Empecé con mi mano a sentir su erección, palpando por encima del pantaloncillo deportivo que Andrés vestía. Metí mi mano entre su ropa interior y sentí la textura áspera y gruesa de sus vellos púbicos, los acaricie y no dude en dejar al descubierto su miembro, el cual me moría de ganas por ver. Andrés tenía una verga de unos 13 o 14 centímetros, dignos de un jovencito de su edad, su glande era colorado  y algo grueso y sus testículos pequeños, un poco colgantes y sumamente peludos.

Empezamos a besarnos, mi primo tenía una forma de besar un poco brusca pero exquisita, me embestía con su lengua, metiéndola completamente en mi boca y luego de estar besándonos y tocándonos, Andrés se puso de rodillas, sacó mi penecito aún sin rastro de vello púbico y empezó a chuparlo lentamente. Sentir su boca babosa en mi “cosito” era una locura, luego me lamió los huevillos mientras yo lo miraba hacerlo; supongo que para mi el mundo se había detenido y nada más importaba, ni siquiera que mi mamá pudiera salir de tomar su baño y nos descubriera.

Andrés se puso de pie frente a mí, y sabía que era mi turno de hacer lo que por tanto tiempo había deseado; recuerdo que asustado y con mucha adrenalina causada por mi inexperiencia, se me hacía agua la boca y me temblaban las piernas, y fue cuando me puse de rodillas, introduje su órgano viril en mi boca, lo saboreé, deslizando mi lengua de arriba a abajo por todo el tronco de su pene y sentí el salado sabor de su lubricación una y otra vez. Fue lo más delicioso que había probado hasta ese momento en mi vida.

Ese día yo era un aprendiz de Andrés dispuesto a hacer todo lo que él me hiciera a mí. Minutos después, me empezó a lamer el ano, algo nuevo e inesperado para mí; sentí un cosquilleo genial, cada vez que subía y bajaba su lengua por todo el ojo de mi culo era una bomba de emoción que me estallaba por dentro. Así que hice lo mismo, se puso a cuatro patas, abrí sus nalgas y vi un culo bastante velludo, excitante. Nunca pensé que a un hombre le salieran pelos en el trasero y de esa manera, pero aún  así, pasé mi lengua por su culo como si estuviera lamiendo un helado, sólo que este tenía un sabor agrio, pero delicioso a la vez. Aún recuerdo esas nalgas llenas de pelos y ese ojete oscuro y estrecho el cual saboree y tanteé con la punta del dedo medio de mi mano derecha.

Mi querido primo trató de penetrarme, pero no pudo hacerlo, pues mi ano virgen estaba muy cerrado, haciendo que hasta él terminara haciéndose daño en el pene debido a la fricción del roce de la piel de su prepucio con la de mi culito, por lo que intenté penetrarlo yo a él, pero el resultado fue el mismo: el dolor de sólo tener la punta de mi verguita en su hoyo fue suficiente para que paráramos con el intento de penetración.

Para infortunio mío, fue el final de toda esa experiencia de sexo con mi primo, ya que mi madre terminó de tomar el baño; escuchamos el sonido de la puerta del lavabo abriéndose y nos dispusimos rápidamente a subir nuestros pantaloncitos. Me hubiera  encantado eyacular o verlo a él soltar su semen pero por cuestiones de tiempo no se pudo.

Han pasado algunos años de esto, a Andrés lo veo en ocasiones remotas en reuniones familiares, vive en otra ciudad, pero nunca hablamos más allá de: “Hola, ¿cómo estás?”. Quizás si algún día nos quedáramos solos de nuevo volvería a tener algo con él, pero esta vez se lo daría todo… Todo.

 

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