Relato porno FUI INFIEL CON EL SODERO xxx

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FUI INFIEL CON EL SODERO

Categoría: Infidelidad Comentarios: 1 Visto: 10774 veces

Ajustar texto: + - Publicado el 21/03/2018, por: Anonimo

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Fui infiel con el sodero
Hola, he escrito algunos relatos identificándome como “Laura”, espero que los hayan leído para entender algunas partes de este. Les recuerdo que soy mendocina, ahora de 52 años. Me vuelvo a describir: 1,53 m, cuerpo bien conservado 86-63-95, piel trigueña, mis senos son medianos pero bastante firmes, no tengo rollos ni gorduras y mi cola, piernas y caderas pueden infartar a más de uno. Mi esposo de 1,70 m con algo de barriga, es muy bueno conmigo. En la cama no tengo frenos ya que soy multiorgásmica y muyyyy gritona, no sé si el término correcto es ninfómana. Con solo el mínimo pensamiento o insinuación de sexo me excito de inmediato y cuando empiezo a hacer el amor no puedo parar porque siento como una fiebre que me invade haciendo que descargue mis orgasmos uno tras otro. Mi esposo es una bellísima persona y por supuesto soy su gran atracción sexual, la mayoría de las locuras que hacemos es porque yo lo arrastro y él se entusiasma y me sigue. Él no es hombre de ver páginas de sexo como estas, cosa que a mí por el contrario me encanta ver videos porno y leer relatos y distintas vivencias que han tenido otras personas. Me siento totalmente confiada y sin ataduras para escribir mis relatos porque estoy segura que nunca él los verá. Creo que tiene los atributos de todo marido cornudo y yo no puedo dejar de colaborar para que siga así. Tengo una adicción a la infidelidad y es algo que no puedo evitar, nunca probé drogas pero creo que es como le pasa a un adicto.
Esta vez les contaré como alimentaba ese vicio desde mi pubertad. A los 13 años mi desarrollo era casi pleno y mi temperamento despertó con todas las luces, llevándome a tener mis primeras relaciones con un vecino 5 años mayor que yo, con el que practiqué el sexo durante años, en casi todas sus formas. Éramos amantes porque él estaba de novio con una chica de su edad. A veces yo salía a bailar o a dar una vuelta en auto con algún nuevo amigo para cubrir las faltas de atención de mi vecino cuando tenía que estar con su novia. A los 18 conocí a mi actual esposo, con el que estuvimos 7 años de novios. Hasta ese momento yo continué teniendo relaciones con mi vecino y algunos otros amigos circunstanciales. Mi vecino vivía solo con su madre, una mujer muy piola, nuestra “cómplice”. Yo me metía en su casa en las siestas o en la noche cuando mi esposo se iba. Por supuesto que con mi novio teníamos relaciones sexuales casi todos los días pero yo necesitaba más y tenía que recurrir a mis “dosis de refuerzos”.
Cuando nos casamos nos fuimos a vivir con mi esposo dentro del mismo distrito y me era más difícil coordinar los encuentros con mi exvecino. Finalmente nuestra relación llegó a su término 3 años después cuando él también se casó y se mudó lejos.
Mi primer año de matrimonio fue una fogosa luna de miel, mi esposo bajó como 5 kilos de peso. Si bien disfrutaba mucho el sexo con él, siempre me quedaba con gusto a poco, aunque él me brindaba su máxima energía y más. Los juguetes sexuales eran en parte un consuelo pero mi temperamento superaba todo el empeño que yo le ponía para vencerlo.
Allí es donde aparece en escena nuestro “sodero”, un joven de unos 24 años llamado Manuel, de contextura algo rellenito y estatura media, pero muy simpático y agradable en el trato. Dialogábamos bastante y me había confesado que su joven esposa tenía un problema hormonal y estaba en tratamiento médico desde hacía 4 o 5 meses, con prohibición de tener relaciones sexuales. Yo transitaba por mis 30 años con un cuerpo exquisito, digno de ser poseído por cualquier hombre. Hacía más de un año que había perdido de vista a mi exvecino. Manuel nos visitaba 2 días en la semana, en un horario posterior al almuerzo. Este chico tenía una gran responsabilidad laboral pero su abstinencia sexual se había transformado en mi obsesión y me sentía con los pergaminos necesarios como para asistirlo en esa carencia, por lo cual lo transforé en mi principal objetivo. Cuando comencé a acosarlo, él no atinaba a engancharse en mis insinuaciones que primero eran verbales y luego acompañadas con mis
prendas cada vez más atrevidas. Mi esposo a veces venía a almorzar y luego se acostaba a
dormir un par de horas para continuar sus labores en la tarde y otras veces me avisaba que se
quedaba de corrido en su trabajo, a donde se trasladaba en vehículo de su empresa dejando
siempre el auto en la cochera. Esto me posibilitaba atender a nuestro sodero a solas y
desplegar mi audacia sin mayor recato. Mis pantalones fueron cada vez más ajustados y luego
reemplazados por minifaldas cada vez más mini. Siempre yo hacía entrar a Manuel a la
cochera para que dejara los sifones de soda en el piso y yo los recogía dándole la espalda
dejándole mi culo como al descuido, apenas cubierto con mis pequeñas tanguitas, para que se
embelesara. El se ponía nervioso y titubeante, pero siempre se iba por la tangente con alguna
conversación relacionada con el trabajo. Finalmente al cabo de 3 o 4 semanas de acosos, llegó
el día “D”. Me había puesto una falda amarilla, que apenas me cubría los cachetes, remera sin
sosten y una diminuta tanguita. Cuando me agaché a recoger los sifones noté que él dio dos
pasos y se paró detrás de mí. Yo ví sus zapatos casi tocando los míos y retrocedí un poquitín
hasta apoyar mi culo en su paquete, que estaba duro como una piedra. Manuel se quedó
estático yo me levanté manteniéndome pegada a su bulto y voltee mi cabeza con una sonrisa.
Entonces él por fin me tomó de la cintura, dándome la señal tan esperada. De inmediato me
soltó diciéndome –disculpe señora, no fue mi intención tocarla. Pero yo le tomé las manos y
las deposité en mis senos, mientras comencé a balancear mi trasero apoyada en su bulto. Él
comenzó a acariciarme las tetas, el romance había empezado. En un minuto me saqué la
remera y le desabroché los pantalones para tomarle el miembro totalmente endurecido. Nos
comenzamos a besar y mi calentura no tardó en invadir mi piel desde el cuero cabelludo hasta
los dedos de mis pies. Abrí una puerta trasera del auto, un Peugeot grande y lo empujé
haciéndolo caer en el asiento de espaldas. Allí se la chupé con devoción. El humilde
muchachito se cargaba una matraca de como 18 cm y buen grosor. Mientras se masturbaba y
mamaba intentando tragármela toda, con desesperación me manoseaba el clítoris
descargando un par de orgasmos previos. Luego lo hice levantar del asiento y me subí yo en
perrito dejando mi cola al borde de la puerta, a su disposición. Que maravilloso fue sentir esa
magna penetración en mi vagina sedienta y empapada en flujo. Aún en la actualidad me
masturbo con el vivo recuerdo de ese momento. Luego de otros 2 orgasmos febriles, le pedí
que me la sacara y me la diera por el culo a lo que Manuel obedeció sin demora. Que placer
sentir entrar esa grandiosa cabeza y luego el resto de esa pija espectacular que me la hizo
sentir en toda su extensión hasta golpear con sus huevos en mi orto. Con la agitada fricción
que le prodigaba a mi clítoris con mi mano continué descargando 2 o 3 orgasmos más hasta
que sentí su leche tibia golpeando en el fondo de mi recto. Que placer….que delicia…. Que
satisfacción haber logrado mi objetivo y saber que ese día se iniciaba una nueva etapa en mi
vida….para alimentar mi adicción a la infidelidad. Ni bien Manuel se fue me recosté en mi
cama a disfrutar la salida del semen de mi ano y recogiéndolo en mis dedos me lo fui bebiendo
hasta la última gota, con la felicidad del que gana un trofeo.
Esta relación con Manuel duró 18 años, tiempo en el que casi sistemáticamente, 2 veces a la
semana librábamos nuestro combate sexual en la cochera, apoyados en el auto o dentro de él,
algunas veces incluso mientras mi esposo dormía su siesta. Otras veces cuando estaba sola nos
íbamos a la cama pero siempre tipo express, no más de 15 o 20 minutos para no llamar la
atención en el vecindario. Manuel tenía su ayudante que atendía varias casas vecinas mientras
nosotros cogíamos a mil. A mis 48 o sea sus 42 años, él se fue del país con su familia en busca
de una mejora laboral. Desde hace 4 años me falta su dosis, cosa que extraño cada vez más. El
nuevo sodero, el tercero después de Manuel, es un joven de unos 35 que no está nada mal
pero me trata como señora grande. Sin embargo he notado que me mira mucho el culo y ya
estoy empezando a hacer el trabajito que le hice a Manuel, espero que pronto de sus frutos.
En la actualidad estoy algo recluida con mi adicción y solo la alimento una vez al mes cuando
vamos a bailar con mi esposo a un boliche del estilo años 60-70. Si han leído mis relatos
anteriores que titulé “Fui infiel bailando en un boliche bailando” y “De nuevo fui infiel en un
boliche”, les comento que en ese boliche me encuentro con Carlos, el dueño y Ricardo, el
mozo, que ya son amigos también de mi esposo. Cuando estamos allí le digo a mi marido que
me voy a charlar un rato con la chica del guardarropas con la que nos hemos hecho amigas. En
realidad ella me cubre para que me meta a la habitación de los mozos, con Ricardo mientras
Carlos lo entretiene a mi esposo en la barra invitándolo a tomar un trago, o viceversa cuando
estoy con Carlos lo entretiene Ricardo. A veces buscamos la forma de estar los 3, Carlos,
Ricardo y yo, mientras alguna de las chicas que sirven en el salón, mandada por Carlos, se va a
charlar con mi esposo. Esto no me gusta mucho porque tengo desconfianza especialmente de
una que tiene cerca de 40, y que es demasiado simpática con él. No vaya a ser que mi
amorcito se quiera hacer el loquito con ella, porque una sabe lo que son las mujeres.
No sé si mi comportamiento es fuera de lo común pero creo que no porque tengo amigas con
las que hablamos de estas cosas y aunque no son tan pasionales (o multiorgásmicas como yo),
son tanto o más infieles que yo.
Me gustaría que me escriban dándome sus opiniones, hombres y mujeres que lean mis
relatos. La próxima les contaré mi infidelidad estando de vacaciones en las playas de Santa
Clara del Mar….estén atentos¡¡¡

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Últimos Comentarios Agregados

  • avatar runanua

    runanua

    Excelente relato de una mujer que indudablemente es extremadamente sensual y sexual.........!!!
    Espero contactarte en algun momento, somos vecinos!!!! ajaj
    Beso

    En contra A favor 0 (0 votos)

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