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Mis nuevos vecinos

Categoría: Trios Comentarios: 1 Visto: 20282 veces
Ajustar texto: + - Publicado el 02/04/2013, por: Anonimo

Pasaban cuatro horas desde el medio día cuando las ruedas del Boeing 737-800 en el que yo me encontraba sentado a la altura del ala pero en la parte del pasillo, se posaron sobre la pista de aterrizaje del aeropuerto de Lanzarote. Tras desabrocharme el cinturón, esperé a que dos parejas de ancianos pasaran delante de mí, febrero era normalmente un mes donde grandes grupos de jubilados abarrotaban las islas en busca de el calor que no hacía en la península, aprovechando que para ellos no existían los tradicionales meses de vacaciones que nos encorsetan al resto de los mortales que afortunadamente por otra parte, estamos en edad laboral, y tenemos trabajo.
Bob Marley sonaba en la terraza de la cafetería en la que un afrutado café colombiano mezclado en proporción adecuada con Veterano, humeaba por delante de mi cara. El parte meteorológico daba para toda ésta semana temperaturas poco habituales en Las Canarias, entre catorce y dieciocho grados, cosa que no me importa pues yo me iba a quedar allí algo mas de un mes y estaba seguro que a principios de marzo podría disfrutar sin problemas de unos cuantos baños en el mar y volver algo mas bronceado de lo que me había ido. Con mis dedos índice y corazón daba vueltas a las dos llaves que la propietaria del apartamento donde me iba a alojar durante cinco semanas me había dado un rato antes cuando había ido a dejar mis cosas y darme una ducha para salir a dar una vuelta por la isla.

Llegados a este punto es conveniente que explique que es lo que hacía en Lanzarote a mediados de febrero, en primer lugar, me llamo Pedro tengo veinticinco años y trabajo para una empresa la cual me había mandado cinco semanas allí para dar un curso a operarios de una fábrica perteneciente a mis jefes. En vez de alojarme en un hotel, prefirieron alquilarme un apartamento de unos 60 metros cuadrados, a mi no me importaba en absoluto pues al estar solo allí y tampoco tendría posibilidad de hacer relacionarme mucho con nadie pues mis superiores habían deslizado a modo de advertencia velada que no era conveniente que hiciese amigos en la fábrica, y mucho menos que saliese a tomar copas con ellos claro. Así que el estar en un apartamento me obligaba a hacerme comidas, lavarme la ropa y mantener la casa limpia y ordenada. Por supuesto me sobraba tiempo para ir a hacer deporte entre una hora y hora y media diariamente, leer un par de periódicos, ver la televisión, otra hora y media de lectura y tomarme un vino o una cerveza variando entre tres bares.
Correr por la playa es uno de los placeres que tengo y como allí lo que sobraba, era tiempo, y playa ese placer lo exploté bastante. En los primeros días de la tercera semana de estancia, mientras corría al atardecer y el sudor brotaban abundantemente por mi frente, una pareja que me resultaba familiar pasó corriendo en sentido contrario a mi lado, en ese momento solo pude distinguir que seguramente eran algo mayores que yo, ella rubia y bastante atractiva y el alto, fuerte, pero sin estar muy definido de gimnasio, mas bien de algún trabajo físico que hubiera realizado durante mucho tiempo y que lo había endurecido. Mientras llegaba al portal de casa me di cuenta de que me sonaba la pareja, estaban terminando de hacer estiramientos frente a la puerta y se disponían a entrar, eran vecinos y además de mi misma planta.

-Buenas tardes.-Les dije medio jadeante y rojo después del último sprint que me había dejado destrozado.

-Buenas.-Dijo ella con una sonrisa, mientras el chico me miró y también sonrió a la vez que me saludaba con la cabeza.

Esta vez si que los pude observar mejor, ella en torno a un metro setenta de altura, rubia como había dicho antes, pelo ondulado, acababan de volver de hacer deporte así que llevaba una coleta y unas mallas hasta la rodilla que le marcaban unas piernas fuertes, gemelos firmes y un culo voluminoso, pero se veía duro. En cuanto a la parte superior, una camiseta ajustada de manga corta que apretaba sus tetas de un tamaño medio pero muy apetecibles. Por uno de sus brazos un tatuaje de enredaderas y flores subía desde la muñeca y se perdía por debajo de la manga de su hombro izquierdo. Ojos marrones miel y grandes resaltaban en una bonita cara algo angulosa aunque fina y dulce. Él, mas tosco, pelo peinado para atrás aún se le mantenía firme y había soportado el sudor, pues la gomina debía de ser de buena calidad. También llevaba mallas hasta la rodilla, unos gemelos cuadrados y muy marcados soportaban una pierna también voluminosa y musculada. Su camiseta era algo mas holgada pero su torso era fuerte y con unos antebrazos muy anchos que hacía suponer que todo el lo era.

Entré en casa pensando en mis cosas, encendí la radio mientras me desvestía y me di una ducha. Cené algo suave y me senté a ver una serie de televisión a eso de las diez y media de la noche. Me levanté del sofá para recoger los platos y los cubiertos y al pasar por al lado de la tele le di una patada al cable y lo desenchufé.

-¡Joder!.-Me quejé y fui con los platos hasta la cocina para fregarlos, el silencio que se había producido en el apartamento al apagarse la tele de golpe fue roto por unos sonidos que provenían de la casa de al lado. Paré casi hasta mi respiración para poder oírlo bien, sin duda eran gemidos y provenían del piso de mis deportistas vecinos. Parecía que se lo estaban pasando realmente bien, aunque las paredes eran anchas, mi salón daba pared con pared con el suyo así que aunque no distinguía las palabras si que escuchaba perfectamente los gritos de placer. Me los imaginé encima del sofá disfrutando como locos y sentí una creciente envidia dicho sea de paso. El polvo tenía que ser de escándalo porque algo chocaba en cada embestida contra la pared y supuse que sería el sofá que se movía para delante y para atrás. No pude evitar excitarme imaginando lo que estaba sucediendo al otro lado del muro, tan cerca de mí, y sin poder ver nada, me decía para mi mismo con cierta rabia pues aunque normalmente soy una persona muy calmada, estas situaciones me crean bastante morbo.

Tras veinte o veinticinco minutos mas de gemidos de uno y de otro, golpes, azotes y unos grandes suspiros finales, aquella sesión acabó, y me fui a dormir enfermo perdido.

Dos días después, volvió a pasar la misma situación, me los crucé por la playa y cuando llegué al portal los saludé y subí a casa, pero esta vez la suerte estaba en mi contra, había perdido las llaves corriendo seguramente.

Bajé a toda prisa las escaleras y pasé por delante de ellos sin mirarles prácticamente y retomé el camino que había estado haciendo, nada no aparecieron por ninguna parte. Yo me maldecía y pensaba la forma en que iba a conseguir entrar en casa, pues el número de la casera lo tenía apuntado en un papel pegado a la nevera y evidentemente no podía entrar a mirarlo. Tras un rato en el portal pensando alguna solución, la idea de que mis vecinos conociera a la casera y tuvieran su teléfono me pareció sensata así que sin dudarlo llegué hasta su puerta y di unos cuantos golpes en la puerta a modo de llamada.

-¡Hola vecino!.-Dijo él abriendo la puerta con una toalla enroscada en la cintura la barba a medio afeitar, manchado de espuma por la cara.

-Hola, siento molestar pero es que he perdido las llaves de casa y pensaba que quizás vosotros tuvieses el teléfono de la dueña del piso donde estoy alojado para poder decirle si puede venir a abrirme.

-Ah, de Laura, si, por supuesto, la conocemos hace varios años, antes vivía aquí ella y nos veíamos mas, pero desde que se trasladó a un piso mas grande ya tenemos menos relación, pero si, tengo su número, pasa pasa y llámala.

Le agradecí la ayuda y entré a su casa, que era igual que en la que yo estaba pero dispuesta en sentido contrario, se oía el ruido de la ducha y como alguien dentro se enjabonaba, por un momento la imagen de mi vecina rubia, enjabonada de arriba abajo recorrió y mi cabeza, esto unido a mi recuerdo de sus gemidos me hizo descentrarme por un momento de la razón por la que estaba dentro de ese piso.

-¿Quién era cariño?-Dijo ella desde dentro.

-Es el vecino Marta, que se ha dejado las llaves y necesita llamar a Laura para que venga a abrirle.

-Ahh, hola vecino dijo ella alzando la voz-no sabía que estabas en casa.

-¡Hola!-Le respondí yo mientras descolgaba el teléfono y marcaba el número que José, que así era como se llamaba el chico, me había facilitado antes.

La casera me dijo que tardaría un buen rato pues tenía una cena de negocios y terminaría tarde, así que a mi me esperaban tres o cuatro horas de espera.

-Bueno, pues muchas gracias José.-Dije dirigiéndome a la puerta.

-¿Dónde te crees que vas?-Dijo el.

-Pues a esperar a Laura.

-Pero hombre no te vas a quedar en la escalera estando nosotros aquí.

-Pero es tarde y tendreis que cenar, iros a dormir, y esas cosas.

-Por cenar, no pasa nada porque donde comen dos, comen tres y por dormir, tranquilo, nos vamos siempre tarde a la cama.

-Bueno…

-Ni bueno ni nada, te quedas aquí y punto.

En ese momento apareció por la puerta Sonia secándose el pelo con una toalla y con una camiseta de tirantes debajo de la cual por como se le movían los pechos, no llevaba sujetador.

-Hola, soy Sonia.-Y me dio dos besos.

-Yo Oscar, encantado.

-Cariño-Dijo el-Oscar se va a quedar a cenar porque Laura tardará mas de tres horas.

-A perfecto, iba a hacer una ensalada y algo de pollo a la plancha.

-A mi me parece todo bien-Dije algo incómodo, porque no me gustaba incomodar a la gente en su casa.

-José, ya que tenemos un invitado, abre una botella de vino que supongo que eso nos gusta también a todos ¿Verdad?

Los dos asentimos con la cabeza. Mientras Marta hacía la cena el, ocho años según me dijo, mayor que yo, que era marido de Sonia desde hacía tres y que ella ahora tenía veintinueve. Le estuve contando que mi estancia allí era por ese corto tiempo y estuvimos charlando sobre unas cuantas cosas mas sin demasiada importancia. Él era mecánico de camiones y ella funcionaria del ayuntamiento de Lanzarote y vivían allí desde el día de su boda. Mientras cenábamos salió el tema del deporte y me comentaron ambos que les gustaba salir a correr tres o cuatro veces por semana y que no iban a un gimnasio porque no había nada como ejercitarse al aire libre, les tuve que dar la razón pues a mi me pasa lo mismo y con correr por el exterior y unos cuantos ejercicios de dominadas y flexiones en el parque me mantengo en forma.

-¿Otra copita Oscar?-Me preguntó sonia mientras inclinaba ligeramente la botella para terminar de llenar hasta la mitad su copa.

-No no, gracias, entre el sueño que tengo y si bebo mas me quedaré frito aquí mismo.

Ambos rieron, miré el reloj y vi que eran las doce de la noche y laura no daba señales de vida. Unos instantes mas tarde el teléfono sonó dándonos un susto a los tres pues a esa hora estaba todo silencioso.

-Oscar, dice Laura que ha tenido una avería en el coche y que tiene que quedarse a dormir con un familiar en la otra punta de la isla, que mañana vendrá por la mañana a eso de las nueve.

Levante los hombros en señal de incapacidad de hacer nada al respecto y tras despedirse, José vino al salón.

-Bueno, pues tendremos que prepararte una cama y darte unas toallas limpias por si quieres darte una ducha.

-Creo que esto ya es abusar de vuestra confianza.

-¿Abusar?-Dijo Sonia -Madre mía, si a nosotros nos encantan las visitas y tener gente por casa, si no la vida solo con este es muy aburrida.-Y le guíñó un ojo a su marido mientras le sacaba la lengua a modo de burla.

-Bueno dejando las tonterías de mi querida esposa aparte, para nada nos molestas Oscar y además por lo poco que nos conocemos por lo menos a mi me transmites total confianza y tranquilidad, eres muy buen conversador para lo joven que eres por cierto, jaja-Se refería a que habíamos tenido una acalorada conversación sobre política antes de cenar y donde no hubo un claro ganador pero ambos quedamos satisfechos de nuestras posiciones-Y seguro que a Sonia le pareces muy atractivo porque eres el tipo de chico que le gusta.

-Cariño por favor, no nos avergüences a Oscar y a mi en la misma frase, jaja, además el tipo de chico que a mi me gusta tienes que ser tu, para algo me casé contigo.

-Eso está claro, porque si no, mal, jaja-Dije yo.

-Claro claro…-Dudo José

-A ver Oscar es guapo y bastante maduro a pesar de tener veinticinco años y seguro que puede tener a cualquier pibón de su edad.-Dijo ella.

-Normalmente me gustan mas mayores que yo, me gustan mujeres de verdad, no jovencitas sin cerebro, por muy buenas que estén-Dije, mientras dudaba si el comentario podría sonar a insinuación y o revelaba que Sonia me parecía una mujer muy sexy.

Marido y mujer se miraron y sonrieron asintiendo con la cabeza a la vez de que yo sintiéndome algo violento por mi comentario cambié de tema diciendo que con su permiso me iba a duchar y a dormir que al día siguiente me tendría que levantar temprano para pasar por el trabajo dejar unas cosas y volver a que Laura me abriera la puerta. Sonia y José no trabajaban al día siguiente, pues era sábado así que les dije que intentaría hacer el mínimo ruido posible al despertarme para no molestar.

Cuando salí de la ducha se esbozó una sonrisa de ternura en mi boca pues se habían quedado dormidos abrazados en el sofá seguramente también, aparte del cansancio de trabajar y correr, algo tendría que ver que salvo la copa que me bebí yo, entre ellos dos se habían terminado una botella de Rioja reserva de 2002. Aunque mi ternura tornó en morbo al vislumbrar entre la penumbra que a Sonia tumbada sobre el pecho de José, casi se le salía una teta por fuera del escote y dada la cercanía de la puerta del baño al salón y que la luz del pasillo los alumbraba ligeramente me facilitó bastante las cosas para verle la parte de arriba del pezón, habían sido muy amables dejándome quedarme a dormir y no me parecía que fuera adecuado estar espiando las tetas morenas de mi anfitriona pero la mitad animal de mi cerebro me decía lo contrario, y sobre todo, mi polla que se levantó como un resorte, también razonaba por su cuenta. Pero mi mitad precavida, decidió llevar mi cuerpo hasta la cama y relajarme hasta que me quedé dormido teniendo algún que otro pensamiento lascivo hacia esa preciosa mujer rubia y de pelo ondulado, que por cierto no lo había dicho pero llevaba unos pantalones cortos de estar por casa, que dejaban al descubierto gran parte de sus firmes y bronceadas piernas.

A eso de las cinco de la mañana me levanté a beber un vaso de agua y al pasar por la habitación de Sonia y José observé que estaba la cama aún hecha y ni rastro de ellos, por lo que supuse que seguían en el sofá, asomé la cabeza por la esquina del pasillo para corroborar mi sospecha y mi corazón subió de sesenta y cinco a ciento cincuenta pulsaciones en un momento, estaban en el sofá si, pero José estaba sin camiseta sentado y Sonia de rodillas encima suyo, y se estaban besando apasionadamente. Vete, pensé, vuelve a la cama y respétales su intimidad, pero esta vez, el morbo de ver a una pareja en plena acción fue superior a mi razón y me quedé apoyado en la esquina del pasillo, donde era imposible que me vieran pues estaba totalmente oscuro, allí de pié contemplé una escena digna de ser recordada por mucho tiempo.

José iba a quitarle la camiseta a su mujer, pero antes los dos miraron hacia el pasillo precavidos, me di un susto de muerte porque pensé que de alguna forma, iban a ver que yo estaba allí, pero no fue así.

-Tranquila cariño-Dijo el-Estaba muy cansado seguro que duerme por lo menos dos horas mas sin darse cuenta de nada.

-Eso espero, porque eres un cerdo-Dijo ella entre jadeos de excitación.

-¿Qué soy un cerdo porque?

-Hombre, sabiendo que hay gente en casa y te despiertas a mitad de noche y te da por empezar a masturbarme con unos habilidosos dedos. Sabes que si empiezas así, no puedo parar y te tengo que follar hasta dejarte seco.

-Pues no se a que estás esperando.-Dijo el, mientras terminaba de sacarle por la cabeza la camiseta a su esposa dejándome apreciar sus preciosas tetas por primera vez,.

Digo apreciar, y bastante bien, porque por la ventana entraba la luz de una farola que alumbraba el salón y me dejaba verlos perfectamente. Directamente le quitó los pantalones con una de sus grandes manos, y con la otra le manoseaba las tetas llevándoselas a la boca y lamiéndole los pezones haciendo círculos con su lengua. Sonia, completamente desnuda era un espectáculo, y además su brazo tatuado le imprimía un grado de morbo tal que mi polla estaba a punto de reventar. Su bonito culo, se movía ligeramente mientras su marido le metía un dedo por el coño depilado y con tan solo un triangulito de pelo que bajaba hasta la raja. Ella le gemía en el oído y se soltó bien el pelo que le caía por los hombros, se mordía el labio superior en señal del placer que le estaba proporcionando la mano de José.

-Ya estoy bien mojadita amor mío.

-¿Y que es lo que quieres guarra?

-Que me la metas ya por favor, que estoy ardiendo.

El, se levantó del sofá y puso a su mujer a cuatro patas apoyando las manos contra el respaldo, se quitó el pantalón y su poya saltó directamente, dura como una piedra y deseosa de meterse en el coño de su mujer. Tras la primera penetración, Sonia dio un gemido fuerte, y se tapó la boca en señal de que se había acordado de que no estaban solos en casa, lo que no sabía es que el huésped, les estaba espiando desde el fondo del pasillo cachondo como nunca antes en su vida, y empezando a hacerse una paja despacio y con calma. Las tetas se le movían de un lado a otro y José, agarrándola por la cintura la follaba con locura y el sonido de sus huevos contra el chocho de su esposa resonaban por todas partes. El, con su fuerte pecho marcado a la luz de la farola, se fatigó en unos cinco minutos pues su ritmo era frenético.

-Que haces hijo de puta, no pares.

-Por dios, estoy reventado, dame un respiro.

-Quédate como estás, pero no te muevas.-Ella le agarró un pectoral con su mano izquierda, la del tatuaje, y clavándole las uñas empezó a moverse para adelante y para atrás sacando morritos y con una cara de vicio que distaba bastante de la mujer alegre pero con cara de ángel con la que había estado charlando tranquilamente unas horas antes.

Cuando José recobró el aliento, cogió a su mujer por la cintura y la puso sobre la mesa del salón, la tumbó boca arriba le abrió las piernas y empezó a follarsela de nuevo mientras ella, llegando a una excitación bestial, se puso la mano sobre su propio coñito y con el dedo corazón se empezó a masturbar el clítoris y al tiempo que con la otra se masajeaba las tetas y se pellizcaba los pezones pareciendo que se los iba a arrancar de lujuria. Yo, con el pantalón corte de pijama que me había prestado José, bajado la parte de delante sujetándome la goma con la mano izquierda y con la derecha haciéndome la mejor paja de mi vida, apoyado contra la pared del pasillo de mis temporales vecinos. La brillante escena que sucedía ante mi, inundaba mi mente por completo y en ese momento hubiera firmado porque ese momento durara toda la vida ya que el vicio se había apoderado de mi razón por completo, la única pena que sentía era no poder yo también poseer a esa pedazo de hembra que se retorcía de placer encima de la mesa del salón.

-¿Por qué me miras con esa sonrisa amor mio?-Dijo el.

-Porque voy a hacer algo que se que te gusta mucho.-En ese momento acercó Sonia su mano hasta el interruptor de la luz y la encendió- Así podemos vernos hasta el ultimo detalle, ¿te encanta verdad cerdo?

En el mismo momento que Sonia pronunciaba esa pregunta, supe que no tenía escapatoria, si me movía me verían y si no, también así que solo me dio tiempo a soltar la goma del pantalón que cubrió mi polla dura como una piedra, pero no la disimuló. Tanto José como Sonia miraron quizá instintivamente hacia el pasillo para cerciorarse de que continuaban solos, pero el susto fue tal al verme allí plantado que mientras él sacaba rápidamente su portentoso miembro totalmente chorreante de los flujos de su mujer, ella intentó levantarse de la mesa dando un giro y calló rodando al suelo, del cual se levantó rápidamente cubriéndose las tetas con una mano y el coño con la otra y ocultándose detrás de su desnudo marido.

-Lo…lo…lo…-Yo parecía un ultra de algún equipo de fútbol de segunda fila, pudiendo solo decir aquella sílaba-lo siento yo no…no…

-Ay dios mio…dios mio…que vergüenza…dios mio…-Mientras Sonia roja como un tomate y despeinada completamente, se asemejaba mas a una beata pidiéndole perdón al señor por algún pecado venial, que a la salvaje fiera que follaba con su hombre unos momentos antes.

Estaba paralizado y ya me veía a mi mismo en pijama apaleado por José y durmiendo en el portal toda la noche hasta que Laura viniera a abrirme. Pero José en lugar de eso, fue el que le puso cordura al asunto.

-A ver, a ver-Decía mientras con la mano derecha le pasaba la camiseta y el pantalón corto a su mujer-Cariño, vístete, tranquilízate y siéntate un momento. Oscar, tu relájate también.

-Ya…ya…-Dije cogiendo una banqueta de la cocina y poniéndola en la puerta de salón para sentarme un momento allí con ellos hasta que José acabara de hablar.

-Tu no tienes nada de lo que preocuparte hombre, los imprudentes en todo caso habremos sido nosotros que teniendo un invitado en casa nos ponemos a montárnoslo, y no en nuestra habitación que en ese caso que hubieras pasado por allí si que podía ser mas a posta, si no en el salón que se ve si quieres ir a beber agua, o al baño.

-Ves, si es que te lo había dicho.-Decía Sonia empequeñeciéndose cada vez as de la vergüenza, a la vez que se recogía el pelo con una goma dejando a la vista por completo su preciosa cara.

-Bueno, además, si te digo la verdad-Dijo José-Yo si veo a una pareja follando lo primero que hago es quedarme a ver el espectáculo, todos tenemos cierto grado de mirón así que no te puedo culpar por ello.

Yo, le miré también rojo, e incliné la cabeza a modo de aceptación de su comentario. En ese momento, tuve un segundo de pausa para pensar, y me percaté en que mi polla aún seguía como un mástil y que Sonia combinaba el mirar al suelo, mirar a la nuca de su marido cuando hablaba, pues estaba tras el, y por último echar dos vistazos a mi erguida polla pero apartando la vista rápidamente de ella. A todo esto, José, no se había tapado para nada, continuaba desnudo apoyado contra el respaldo del sofá y tan solo cubierto con un cojín su polla que para ser honestos era algo mas larga y gruesa que la mía, y eso que yo dentro de la normalidad, nunca me había podido quejar. Comprendí que esa pareja derrochaba sensualidad por sus poros, ella como ya he repetido varias veces era espectacular pero el era un hombre fuerte, recio y varonil y ambos eran muy inteligentes, aunque esa última parte era la única que me atraía de José-como conversador- porque la que me ponía muy cachondo era su querida mujercita.

-Aunque veo, que aún con el susto y la vergüenza, sigues en plena forma, jajaja-Dijo el refiriéndose a mi polla.

-Em…jaja-Dije yo mirando para otro lado-Casi será mejor que me vaya a descansar.

-Si…-Me miró Sonia mientras lo decía-nosotros también tenemos que dormir ¿verdad José?

-¿Pero no vamos a acabar lo empezado?

-¿Eres tonto? Con el susto que llevo en el cuerpo solo tengo ganas de dormir diez horas seguidas.

-Bueno, de todas formas, siento haberos jodido la fiesta-Me disculpé yo mientras dejaba otra vez en la cocina la banqueta.

-No hombre-Dijo ella-Ahora nos avergonzamos todos pero dentro de un tiempo esto servirá para reírnos un rato.

-Bueno, menos mal que ya te lo vas tomando con mas humor cielo mío-Comentó su marido.-Yo antes de irme a la cama me voy a hablar un poco con un escocés de doce años que tengo en la cristalera. ¿Quieres tu también un vasito para coger mejor la cama Oscar?

Yo, pensé que con todo lo vivido me iba a costar un rato dormirme y aunque no me gusta beber alcohol justo antes de dormirme, por esta vez dije un-vale- y me apoyé en el respaldo de un sofá.

-Yo voy a por agua-Comentó sonia calzándose unas chancletas blancas con una tira de cristales que le hacían unos pies la mar de sexys.

Al levantarse José del sofá para servir las copas, se quitó el cojín y pude verle de nuevo su polla aun algo erecta pero caída por el peso mientras se enfundaba sus calzoncillos slip blancos, como las chancletas de su esposa, y sin mas ropa sacaba dos vasos, anchos, con un culo grueso de cristal y servía dos lingotazos a cada recipiente de un Whisky cuya marca no recuerdo.

-¿Estás ya mas relajado?

-Si si, gracias José, de verdad, aunque lo que has dicho tenías razón, cualquier otro marido celoso la hubiera emprendido a ostias conmigo.

-Oscar, yo soy celoso, no me gusta que babosos tonteen con mi mujer, entiendo que atraiga a otros hombres porque es muy guapa pero no me gusta que griten como cerdos en las puertas de los bares cuando pasa con una minifalda, o con las mallas corriendo. Con esto te quiero decir, que no es que yo sea un liberal que le da igual todo, pero yo se captar a la gente, y sé que tu ni eres un baboso ni eres un cerdo, en todo momento la has respetado, no he visto ni una palabra salida de tono, ni una falta de respeto ni nada. Pero joder, eres un hombre y joven, mas joven que yo e incluso bastante mas joven que ella, es normal que te encante el sexo y ver a una pareja follando le pone cachondo a cualquiera y mas a tan pocos metros. Y más, que repito una vez mas, Marta esta muy buena, y con todo lo buena y pudorosa que es, en la cama es una puta y una fiera.

-José, la verdad es que poca gente tiene la capacidad de razonar las cosas que tienes tu, porque aunque tienes toda la razón, aún con todas las explicaciones que me has dado, jaja, otro hombre me hubiera partido la cara.

-Si si, en esto tienes toda la razón, jajaja. Aunque no me has contestado a nada a lo de mi mujer.

-El que, que está muy buena, pero eso lo sabes tu perfectamente, no hace falta que yo te lo diga, además de que es una mujer de los pies a la cabeza.

-Muchas gracias Oscar-Dijo Sonia desde el marco de la puerta con una botella de agua en la mano-No todos los días le dicen a una que es guapa y lista en unas pocas frases.

-Jaja, de nada mujer pero es la verdad.-Dije yo, ya totalmente relajado por la confianza que transmitían ambos.

Ella se sentó en el brazo del sofá grande, al lado de su marido, y yo, apoyado en el respaldo de un sillón de una plaza me terminaba mi Whisky con pequeños sorbos.

-Em…ya que estamos mas distendidos, tengo que confesaros una cosa-dijo el-esta situación algo surrealista me está poniendo cachondo.

-¿Perdona?-Dijimos asombrados su mujer y yo mismo mirándole.

-No se…nunca en la vida me había parado a pensar que me pudiera poner cachondo estando otro tío , delante, y menos con mi mujer al lado, y menos habiéndonos ese tío visto follar y a mi querida esposa haberla visto desnuda. A cualquier otro, como ya hemos hablao antes, lo hubiera matado por tan solo mirarle al canalillo. Pero mentiría si no dijera que me estoy poniendo cachondo.

-Madre mía, ese Whisky te esta poniendo enfermo, ¿estas seguro que no estaba pasado?

-Cariño, el Whisky no se pasa, en todo caso se pica.

-Bueno ¿a quien cojones le importa eso ahora? Jajaja.

-Siento interrumpir de nuevo-dije yo-pero si lo que dices es cierto José, yo debería irme y dejaros acabar lo vuestro.

-Sí, eso sería lo lógico-aseveró el- pero es que el problema es que lo que me está poniendo cachondo es pensar que has estado ahí mirando, y pensar que ahora puedas volver a hacerlo.

-¿Pero tu te estas oyendo?-Dijo asustada Sonia- Que quieres, que después del sofoco que he pasado ahora repitamos y le hagamos a Oscar un show porno o que.

-Pues si…eso es lo que estaba pensando mi amor.

-La madre de…

Sonia se levantó del sofá y se metió al baño, pensé que se habría enfadado con su marido, pero él, no se dio mucho mal y se quedo empanado mirando al techo. Al minuto, ella salió del baño y volvió a sentarse al lado de su marido.

-Vale.-Dijo.

No podía ser…Sonia acababa de decir vale…vale a que follaran de nuevo delante de mí y esta vez siendo perfectamente conscientes de que los estaba viendo.

-Joder…-Dijo el-Yo lo decía enserio, pero en la vida hubriá pensado que ibas a aceptar.

-Pues ya ves ¿a ti te parece bien Oscar?

-Pos…

-Cielo, ¿Cómo no le va a pacer bien?-Preguntó José con sorna.

-Pero, una cosa, ya se que soy quisquilloso y que debo de ser el chico con mas suerte del mundo, pero tengo que saber que te ha hecho cambiar de opinión-Le dije a Sonia bastante serio.

-Pues…no se, quizá, que nunca hemos hecho una cosa así, y seguramente nunca se darán las condiciones necesarias para que yo vuelva a decir que sí. Aparte de que me caes bien chavalín-Dijo ella guiñándome un ojo y haciéndome por primera vez consciente de que era bastante mas joven que ellos-Chavalín, pero mentalmente mas maduro que cualquier otro que haya conocido-apuntilló- y con una buena polla me parece a mí-Terminó la contundente frase secándose la boca del trago que había pegado directamente de la botella de Whisky y metiendo la mano por debajo del calzoncillo de su marido para empezar a hacerle una buena paja.

-O joder…ya te has vuelto a transformar cariño…-dijo el.

-Jaja, ya me conoces…

José se recostó más aun de lo que estaba sobre el sofá y abrió un poco las piernas, se puso los brazos por detrás de la cabeza y me miró con una sonrsa.

Yo, poseído de nuevo por la excitación, me quité cualquier tipo de pudor y me saqué los pantalones del todo, agarre mi polla fuerte por la base con mi mano izquierda y por arriba con movimientos cortos y lentos con la derecha.

-Wow, y parecía tontó- Comentó Sonia mirándome de arriba abajo.

José que tenía los ojos entrecerrados tenía ya la polla muy dura debajo del calzoncillo así que su esposa se los bajó hasta los tobillos y se los quitó, dejando a la luz su ya grande y preparada polla. Ella, paseándose por delante de mi, todavía vestida pero ya sin las chancletas me pasó una mano por la cabeza, se quitó la goma anteriormente puesta en su pelo y se arrodillo delante de su marido, comenzando a hacerle una mamada antológica. Le agarraba los huevos y sin sujetarle la polla con las manos subía y bajaba su cabeza sin parar, parando solo un segundo para respirar y volviendo a tragársela hasta mas de la mitad, que ya era mucho decir, con tal calibre de miembro. Yo cambié de técnica, me abrí un poco mas de piernas y comencé a hacer largos recorridos con mi piel de arriba abajo pero mintiendo la baja velocidad. Sonia, seguía masajeando los huevos de su marido y comiéndole bien la polla pero otra arañaba su pecho dejándole unas largas marcas rojas y blancas con sus contundentes uñas lacadas en blanco.

-Oscar por favor-Dijo ella mientras un hilo de saliva aún le conectaba su boca con el pene de su marido-¿Puedes quitarme la camiseta?

-Pero que zorra eres.-Dijo el mientras agarraba a Sonia por la nuca y le hacía tragarse una vez mas el glande.

Yo, sin decir una palabra, solté mi pene que apuntaba al techo y estaba empezando a ponerse rojo y bastante caliente y despacio me puse tras ella y le saqué la camiseta. Sus tetas brotaron, preciosas, a la luz, grandes pero sin llegar al exceso, perfectas diría yo. Se movía de arriba abajo, allí, tan cerca de mí, las rozaba contra la polla de Adrián y el, ido completamente, gozaba como un loco de aquella felación. Me volví a sentar pero mi mente perversa se apodero del sentido, aquella mujer, a cuatro patas era mas de lo que yo podía soportar, me arrodillé a su lado y metiéndole la mano por uno de los lados del pantalón hasta llegar a su culo. Nada, ella seguía a lo suyo, parecía que nada le perturbara, deseosa de polla. Su culo, carnoso, duro era suave y terso, no podía dejar de apretarlo y manosearlo a la vez que me la meneaba con la otra mano.

-Bájaselo Oscar, joder.-Dijo el por un momento, antes de volver a mirar al techo extenuado.

Yo, obediente, le bajé el pantalón hasta quitárselo por completo y con dos dedos comencé a acariciar su abultadito chochito que aparecía por detrás, en ese momento si que ella paró de chupar y dio un pequeño gemido, pero pronto volvió a lo suyo. Ese coñito era lo mejor que había tocado en mi vida, caliente, húmedo a mas no poder, y con los labios gorditos. Me levanté un poco y le introduje dos deditos, tactando sus pareces vaginales y de vez en cuando los sacaba y le masturbaba el clítoris de un lado a otro. Cuando yo hacía eso, ella se encogía y temblaba escupiendo flujos por toda mi mano y aumentando el ritmo de mamada a su marido.

-Joder Oscar, créeme si te digo que nunca me la había chupado así, te lo juro.

-Me alegro, jaja-Dije yo con una sonrisa.

-Venga José-Sonia se levantó-Túmbame otra vez encima de la mesa.

Ella, desnuda y de píe, apoyó una pierna en una silla y la otra encima de la mesa y con un cuidadoso salto se quedó encima, cogió a su marido de la mano y lo puso entre sus piernas.

-Fóllame ¿No era eso lo que querías que viera Oscar?

-Joder, cada vez me estas poniendo mas cachondo Sonia.

-Y a mí.-Dije yo sin pudores.

-¿A si? ¿Te pongo cachondo verdad Oscar? Pues espérate a verme cuando este animal me la meta, pero no como antes, ahora si que estoy salvaje.

Yo estuve a punto del desmayo tras ese comentario. Y su marido mas, que si era posible, su polla aún tomó un tamaño mayor. La agarró por las rodillas y las puso encima de sus hombros, se cogió la polla con una mano y la otra la cintura de su mujer y empezó a reventarla de tal manera que parecía que la mesa se iba a romper en cualquier momento, ella gemía, cada vez mas fuerte, ya sin taparse la boca, se masajeaba las tetas y se daba palmadas en el coñito. Yo, de pié en medio del salón me volvía a masajear la polla y los huevos mirando todo aquello sin perder detalle.José, le lamía las piernas, los pies, le pellizcaba los pezones y se encorvaba para besarla, todo ello sin dejar de metérsela, los besos eran de amor y pasión, lujuria, deseo y placer.

-Pero ponte mas cerca hombre, para que aprecies todos los detalles-Dijo el.

A medio metro de ellos, y con una pierna encima de una silla seguía pajeándome, cuando algo hizo que mis pulsaciones subieran al doble. Sonia, con su mano izquierda, la del tatuaje, me agarró la polla y tiro hacia ella masturbándome rápidamente, mucho mas del ritmo que yo llevaba,José, por un momento bajó el ritmo por la sorpresa, pero en unos instantes lo retomó sin dejarse distraer por nada.

-José cielo, déjame que me ponga un poco mas para la izquierda, antes Oscar me ha masturbado realmente bien y tengo que devolverle el favor.

-El te ha masturbado, pero tu se la quieres chupar zorra.

-¿No me dejas?-Dijo ella con carita de pena.

-Haz lo que quieras joder, pero déjame que te siga follando.

-Sigue sigue joder, quien te ha mandando parar.

Yo ajeno a aquella conversación me acerqué un poco mas, atontado por la situación y le introduje mi miembro en aquella pequeña pero carnosa boquita.

-Ogggghhh…-Un suspiro me salió de lo mas hondo.

-Parece que le gusta-Dijo el poniendo un pulgar sobre el clítoris de su esposa y moviéndolo rápido en sintonía con el vayven de su polla.

Un par de minutos increíbles dieron paso a otros no menos, él la cogió, y la tumbó bocabajo, altura perfecta en pompa para penetrarla, las tetas bien pegadas a la madera de la mesa y al otro lado yo, con los huevos sobre la tabla una rodilla también y el pene metido en la boca de su mujer. Yo ahora era el que llevaba la iniciativa y le agarraba la cabeza moviendo mi pelvis como si me estuviera follando su boca, cosa que ella se dejaba hacer, abriéndola cada vez mas y agarrando mi culo con ambas manos como para que no me escapara.

-Necesito un respiro cariño-Comentó José.

-Pues así no me puedes dejar cabrón.

-Oscar, sustitúyeme aquí detrás.

Ahora si que hablé-¿Estas seguro de que quieres que se la meta a tu mujer?

-Que si joder, date prisa, o se va a enfadar por no tener un rabo dentro de su coño.

Solté la cabeza de marta y ella me cogió por una mano y me acercó hasta su boca, me besó con lengua apasionadamente.

-Venga campeón, demuéstrame de que eres capaz.

José, retomando el aliento, parecía no impresionarse por nada, es mas se masturbaba viendo como su mujer me comía la boca. Ella agarró la polla de su marido, echó saliva en su glande y se la movió de arriba abajo rápidamente antes de tragársela por completo. Yo, Oscar, horas antes un hombre nervioso y desconcertado por haber perdido unas llaves, ahora tenía ante un culo precioso de la vecina canaria esposa de un tío de puta madre al que ella misma se la estaba chupando los cuales me habían invitado a cenar y dormir para que no tuviera que hacerlo en la escalera o pagando una pensión. Cuando todo eso voló de mi cabeza me centré en lo realmente importante, meterle mi ardiente polla por su coñito pretito por los glúteos que, como pude comprobar en cuanto se la introduje, hacían que sintiese un placer inimaginable. Mis manos, apretaban sus dos lados del culo trayéndolo hacia mi y dándole fuertes pero cariñosas palmadas a la vez que la agarraba por los hombros y se la metía lo mas profundo que podía con mis huevos chocando fuerte.

-Siéntate en el sofá Oscar, dijo ella jadeando y sudando por todas partes, igual que su marido y yo, asfixiados del esfuerzo.

Obedecí, me senté en el sofá y ella se arrodillo encima de mi, sujeto mi polla con su mano y se la introdujo bien dentro, botaba, me daba con las tetas en la cara, me abofeteba y apretaba con sus uñas mi cara y mis labios dándome besos y pequeños mordiscos de placer e histeria producidas por una excitación nunca antes vista.

-¡Nunca he estado tan cachonda por dios!

-Cierto, nunca te he visto así de loca, y me encantas cariño-Dijo el.

-No tendrás tanta polla como José, pero me estas haciendo disfrutar como no te puedes imaginar cabrón-Me susurraba al oído-Como follas, eres cojonudo.

-Y eso que ahora te estas moviendo tu-Le dije mientras le lamía el oído.

Agarré sus preciosas tetas y al tacto eran aún mejor que a la vista, simplemente espectaculares.José, que había ido a buscar algo a un cajón, se acercó con un bote de lubricante hasta su mujer y empezó a untárselo por su culo que subía y bajaba a través de mi pene. Poco a poco haciendo circulos le introdujo un primer dedo en el agujerito, ella se retorcía sobre mi, poco después, el segundo, e instantes después el tercero.

-Ya está listo cariño.-Dijo el.

-A que esperas entonces.

José se disponía a meterle la polla por el culo a su mujer y todo esto sin que yo se la sacara de delante, ella apretó su pecho contra el mío, me besó de nuevo. Yo junté las piernas dejando espacio para que José , bien espatarrado con las piernas abiertas, le introdujese su pedazo de pollón en el culo a su mujer. Ella gritaba de dolor y placer, se estremecía y paró de subir y bajar, ahora solo apretaba los dientes y me cogía el pelo de tal forma que parecía que me lo iba a arrancar. Yo, sentía ahora si a Sonia llena, a rebosar, por dos pollas, la cual yo sentía al otro lado de la pared vaginal de ella. Nunca antes había penetrado a una mujer a la vez que otro hombre, es mas, me parecía algo grotesco y violento, pero esa noche me daba todo igual, poco a poco ella su fue relajando y tanto el como yo nos sincronizamos para cuando él se la metía yo se la sacaba un poco, y al revés.Sonia ya casi ni gritaba, se limitaba a poner caras de gozo absoluto a y a besar a su marido y posteriormente a mí.José, regularmente, ponía mas lubricante con olor a naranja en el culo de su mujer y ese olor de cítrico mezclado con sexo inundaba toda la habitación. Con unos gritos tremendos y agarrando las tetas de su mujer José por fin se corrió dentro de ella.

-Toda tuya-me dijo, mientras se ponía erguido, cogía la botella de agua bebía dos tragos largos, con semen aún brotando por la punta de su rabo ya mas blando.

Yo estaba apunto de correrme también pero me contuve y tumbé sobre el sofá a Sonia metiendosela un poco yo encima de ella para que descansara unos instantes. Bajé hasta su clítoris y con la lengua comencé a comerselo poco a poco.

-Ohhhh jodeeeeeer…-Dijo ella-Esto si que es rico…

-Cómeselo bien, que goce la muy puta.-Dijo su marido.

Yo se lo relamía, le metía dos dedos para después sacárselos y pasar mi lengua por todas partes, movía rápidamente la punta en su coño hasta que después de varios estertores se corrió por segunda vez, pues ya antes mientras le hacíamos la doble penetración, había tenido un largo y sonoro orgasmo. Su coño estaba ardiendo y seguía mojada así que se la metí otra vez hasta que llegó el momento de correrme, el cual la senté contra el respaldo del sofá y me corrí por encima de sus tetas y su cuello, saltando incluso parte a su boca, la cual se relamió,José, que se había vuelto a empalmar mientras le comía el coño a su esposa también acerco su poya a la cara de Sonia y se le corrió por toda la cara dejándola llena de dos espermas diferentes y manchándole su pelo rubio y ondulado. Ella, destrozada, sentada en el sofá, con los ojos cerrados y llena de semen por todo el cuerpo, se acariciaba la tripa con una mano y con la otra daba vueltas por encima de su coño, ofreciéndonos para acabar un espectáculo en el que ella se tomó con calma una masturbación que según nos iba narrando, hacía recordando todo lo pasado esa noche, finalmente tuvo su tercer y último orgasmo mientras oscar y yo nos refrescábamos con agua y nos secábamos con una toalla.

A la mañana siguiente me volví a follar a Sonia esta vez ya sobre la cama, mientras su marido se duchaba pero siendo perfectamente consciente de lo que estaba pasando en su lecho conyugal.

El resto de la historia hasta que volví a coger el avión de vuelta no tiene mucha mas importancia…pero aquel viaje de trabajo…nunca lo olvidaré.

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