Relato porno Mi fantasía y la suya xxx

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Mi fantasía y la suya

Categoría: Gay Comentarios: 1 Visto: 7296 veces
Ajustar texto: + - Publicado el 07/07/2013, por: jorge197537

Me llamo Jorge y tengo 37 años.

Os voy a contar como pude realizar mi fantasía sexual de una forma casual. De una forma, en la podría decirse, que tuve mucha suerte.

Porque aun siendo hetero en todos los aspecto siempre tuve la fantasía de acostarme con un hombre. Creo que desde que tengo memoria me ronda por la cabeza. Lo que sucede es que según me hago mayor mi propia mente se va librando de perjuicios y ya soy capaz de asumir que me apetece una polla, y un buen culo de hombre.

Siempre he estado tonteando en chats hasta casi el momento de quedar con alguien, e incluso estando borracho me cité con un tío para luego rajarme cuando ya lo estaba viendo. Pasé de largo haciéndome el distraído mientras él me seguía con la mirada. Me porté como un capullo, pero la vergüenza y el miedo pesaron más.

Así que, viendo el miedo que tengo a quedar con alguien y que resulte ser cualquier cosa (un asqueroso, un ladrón) o que alguien de mi entorno se enterase, tenían que darse unas circunstancias casi perfectas para poder agarrar una polla, mientras meto la mía.

Y eso fue lo que sucedió hace apenas un año. Una especie de conjunción mística permitió que pudiera follar con un tío que se adecuaba totalmente a mis fantasías. Más joven, barbilampiño, sin pluma, conocido y de confianza, a la vez que totalmente fuera del entorno de mis amistades y familia. Un tío, que además, me deseaba.

Sucedió una noche en la que yo me iba a casa después de haber estado de copas con un grupo de amigos y en la que no había conseguido alcanzar el punto del resto, por lo que decidí pirarme a la francesa y no avisar a nadie.

Caminaba por la calle buscando un taxi cuando de repente escuché que me llamaban. Me giré y vi que alguien se me acercaba con una amplia sonrisa en la boca. Soy algo miope y estaba algo cocido, así que cuando pude fijar la mirada y distinguir a esa persona, ya casi estaba encima de mi. También sonreí porque se trataba de un antiguo compañero de clase con quien había hecho muy buenas migas cuando estudiábamos juntos. Era bastante más joven que yo, por lo que en aquella época me convertí en su tutor para fiestas y mujeres.

No había cambiado mucho Seguía siendo guapo y con cara de crío. Y, como yo, parecía un poco borracho, con lo que el rencuentro fue mucho más animado de lo que hubiera sido un encuentro en un centro comercial a las 4 de la tarde. Nos abrazamos, nos dimo sonoras palmadas y en seguida empezamos a ponernos al día de nuestras vidas a la vez que recordábamos viejas batallas. Para ello elegimos el que parecía ser el único bar que quedaba abierto. Allí tomamos un par de cervezas y charlamos hasta que el camarero encendió las luces y apagó la música.

Salimos a la calle y le comenté que era una pena ya que me tomaba otra cerveza sin ningún problema. Él estuvo de acuerdo con lo que empezamos a patear buscando un bar. Cuando nos dimos por vencidos Juan (Lo llamaré así) me miró, y sonrojándose mucho, me dijo que el no vivía lejos y que podíamos tomar algo en su casa, que su novia no estaba.

Y os diré, que no lo dude ni un segundo, porque me apetecía esa cerveza pero sobre todo porque esa invitación, con ese tono de voz y ese sonrojo tan típico de Juan cuando algo le daba vergüenza, hizo que mi cerebro despertara un poco y que por entre mis piernas pasase un escalofrío eléctrico.

Así que nos dirigimos a su casa que era un pequeño ático situado en una estrecha y céntrica calle. Nos sentamos en el sofá con las cervezas en la mano pero la conversación ya no fluía. Era una situación un poco cortante, pero por extraño que parezca mi me daba esperanzas de que algo (por fin) pudiera pasar. Juan tartamudeaba a menudo y se sonrojaba aun con más frecuencia.

Fue después de uno de esos silencios (del último silencio) cuando, alcanzando su máximo nivel de coloración facial y entre risas nerviosas, Juan me contó, como si fuera una anécdota más de cuando estudiábamos juntos, que en esa época tenia una fantasía sexual conmigo. Inmediatamente el que se sonrojó fui yo, y no solo eso. Me empalmé de una manera casi dolorosa, como cuando de adolescente intentabas meter mano a una chica pero sobre todo que ella fuera la que te tocase.

Con el mismo tono de normalidad le pedí que me la contara, que sentía curiosidad. Tras unos minutos de “no seas tonto”, “esto queda aquí”, etc. accedió a contármela. No era nada del otro mundo, yo iba a su casa a preparar un trabajo y entonces lo seducía con la excusa de explicarle como se hacía el amor a una mujer. Ante mi insistencia y mirando al suelo empezó a contarme los detalles, que consistían básicamente en que él me la chupaba y yo me lo follaba.

Mientras me lo estaba contando no sabéis como estaba de excitado. Excitado y nervioso como un colegial. Y aunque prestaba atención, no paraba de pensar como decirle, que si quería, podíamos hacer todo eso y algo más.

Pero como ya os dije, ese era mi día de suerte y no tuve que dar yo el primer paso, o no del todo. Juan me preguntó si yo creía que el era maricón por tener esos pensamientos con otro tío. Yo le dije que no, que todos teníamos a veces esas fantasías. Él me miró a la cara otra vez después de no haberlo hecho durante su “confesión”.

Le pregunté si seguía teniendo esas fantasías, a lo que me contestó que pocas veces, pero que el habérmelo contado le había hecho recordar la sensación. Entonces fue cuando le hice la pregunta clave. Le pregunté si le excitaba la idea de estar con un hombre.

– No lo sé. Me dijo.

– Pues vamos a hacer una prueba.

El me miró

– ¿Qué prueba?

Le dije que se pusiera de pie enfrente de mi. Juan se mojó los labios con la lengua, se levantó y lentamente se puso donde yo le había dicho. Sin levantarme del sofá me incorporé poniendo mi espalda recta. Eso hizo que mi cara quedase a pocos centímetros de su entrepierna. Podía ver, y casi notar, que Juan estaba excitado y empalmado. No pude dejar de apreciar que pese a que en todas mis fantasías con tíos era yo el activo, el que follaba y al que le chupaban la polla, en ese momento quien estaba en una posición pasiva era yo. Claro que el termino pasivo no era correcto del todo ya que yo dirigía.

Puse mis manos en sus caderas y lo atraje un poco más. Entonces empecé a acariciar sus muslos y sus nalgas. Muy suavemente al principio y apretando un poco más según iba acercándome al medio. Luego desplacé mi mano derecha hacia la parte delantera y empecé a recorrer su erección desde abajo hacia arriba. Lo notaba muy duro y muy grande y por primera vez traté de imaginar como seria su polla. Esto me excitó aun más así que me agaché entre sus piernas procurando rozar con mi cara su paquete y le quité el calzado.

Después comencé a desabrocharle el pantalón. Cuando solo me quedaban dos botones y con la cara casi metida en su bragueta le pedí que se quitara la camiseta. Mire hacia arriba y me gustó lo que vi. Nada de vello y nada de grasa. Un cuerpo firme y aun joven.

Seguí con mi tarea y poco a poco le quité los pantalones del todo. No solo se los bajé, se los quité, y en todo momento estuve rozándole con mi cara y con mi boca. Podía oír a Juan jadear y podía sentir como temblaba. Le acaricie por encima de los calzoncillos, le acaricié la polla, el culo, las piernas. Y muy despacio empecé a quitarle la ropa interior. Cuando lo dejé desnudo pude comprobar que tenia una hermosa polla tan blanca como el resto de su piel. Y era grande, muy grande. Llevé mi mano a sus huevos y empecé a acarícialos desde abajo para ir recorriendo todo el tronco de su pene y llegar a tocar con las puntas de mis dedos el glorioso y rosado glande. Y sin pensarlo, sin llegar a darme cuenta de que en ninguna de mis fantasías me metía una polla en la boca, saqué mi lengua y la pasé por ese punto donde había llevado mis dedos.

La reacción fue inmediata. Juan se corrió. Se corrió sin apenas tocarlo y se corrió en mi cara y en mis labios.

– Creo que si te excitan los hombres. Atiné a decirle antes de que él saliera corriendo hacia el baño. Yo me quedé sentado en el sofá con la cara y mi camisa manchadas de semen.

Juan volvió en seguida con algo de papel higiénico para mi y con su polla ya limpia. Por un momento pensé que mi suerte se había acabado, pero me di cuenta que Juan no se había vestido y que su erección continuaba.

– Lo siento. No sé como me pasó eso. Nunca, con ninguna tía me había pasado.

Le dije que no se preocupara, que para mi había sido un halago que se hubiera corrido de esa manera.

– ¿ Y ahora ?. Me preguntó.

Me levanté, le cogí la polla y lo llevé a su habitación. Ya era el momento de que ese polvo encajase en la fantasía de ambos. Yo quería follar y él ser follado.

Una vez en la habitación hice que se sentara en la cama de la misma forma que yo había estado en el sofá. La diferencia es que era yo el que me estaba desnudando mientras el me miraba. O más bien, mientras me la miraba.

Cuando estuve desnudo por completo y con mi polla a la altura de su boca le pregunté si había tocado alguna. Me contestó que no, pero siguió sin moverse. entonces puse mi mano en su nuca le atraje hacia mi. Juan abrió dócilmente su boca y dejo que mi polla se metiera dentro. Y así, poco a poco empezó a chupármela. Empezó con besos y lametones, todos muy húmedos como me gustan a mi. Luego y tocando con sus manos un pene por primera vez en su vida comenzó a hacerme una mamada de verdad.

Ni una sola vez tuve que decirle nada ni corregirle ningún gesto. El trabajo estaba siendo sensacional y perfecto. Quizá si me lo hubiese hecho una mujer hubiera encontrado fallos, pero la excitación de mi primera mamada hecha por un tío hacia que todo pareciera mejor de lo que era.

Me gustaba verle chupar. Juan estaba totalmente entregado y estaba disfrutando muchísimo. Y no solo él, yo estuve a punto de correrme más de una vez, pero claro, yo era mayor y la primera corrida podría ser la última de la noche, así que no dejé que sucediera apartando su boca de vez en cuando. La última de estas veces algo se me escapó, un poco de esperma afloró y Juan, con aspecto de concentración del que está estudiando algo, sacó la lengua y me lo limpio poco a poco.

No pude resistir más, me tiré en la cama con él y empezó un carrusel de tocamientos. Cuando no podía más, fui con mi boca a buscar su polla. Como un animal deslumbrado Juan se quedó quieto y yo cogiéndosela con la mano me la fui a llevar a la boca. Antes de meterla alcé mis ojos y le miré como interrogándole, y él con un gesto de la cabeza me dijo que no, que esta vez no iba a correrse al primer toque. Así que me metí en la boca mi primera y hasta ahora única polla. Era como tener en la boca una nube de gominola, era porosa y seca. Comencé a lamerla poco a poco conteniendo las ganas de tragármela entera. Quería ponerlo a 100. Así que me imaginé como sería la mamada perfecto y me puse a ello. Me la metí en la boca y empecé a chupar.

Y a juzgar por los jadeos y temblores de Juan, no lo estaba haciendo nada mal. Además mis dientes son pequeños y en ningún momento roce esa enorme polla que ocupaba casi toda mi boca. Cada vez imprimía un poco más de velocidad y salivaba más. Pronto tenia sus huevos húmedos y algunas gotas se deslizaban hacia el agujero de su precioso culo. Aprovechando eso comencé a acariciar los alrededores de su ano. El suspiro que dio, y el movimiento de su culo buscando mis dedos, me lo dijeron todo. Así que liberé su polla, pasé la lengua por sus huevos y el camino que recorrió por su escroto hasta su ano fue acompañado por jadeos y crispación de músculos de mi amigo.

Hoy es el día que no sé como no tuve reparos en aplicar mi lengua en su culo, pero en ese momento me pareció lo más libinidoso que había y además, pensado prácticamente, servia para mis fines.

Cuando su ojete estuvo mojado y dilatado poco a poco fui introduciendo un dedo que contra todo pronóstico se deslizo hacia dentro sin problema. Podía sentir la presión de ano en torno a él y un cierto vacío hacia la yema. Empecé a mover el dedo de fuera a dentro comprobando que esto hacia que la respiración de Juan se agitase aun más.

De repente se me ocurrió una idea. Sexual, puede que algo asquerosa, pero increíblemente morbosa. Mientras le metía el dedo de mi mano izquierda con la derecha me llevé su polla a mi boca y comencé a mamársela con fuerza y con mucha saliva. Todo estaba húmedo y en un momento logré meterle dos dedos mientras notaba que Juan se había rendido a cualquier tipo de control. Gritaba, se movía y buscaba correrse en mi boca. Yo soy un tío y en seguida me di cuenta que se iba a correr, así que baje el ritmo para que su placer fuera más cruel pero más intenso. Y se vino en mi boca con varios y espaciados chorros de esperma. Yo seguí chupando, pero a la vez dejaba que esa mezcla de saliva y semen se deslizara hacia su culo, y aprovechando la reciente humedad le metí un tercer dedo.

Cuando me di cuenta de que se acababan los jadeos de Juan, liberé su verga de mi boca y sin pensármelo y sin darle tiempo a reaccionar me puse encima de él, separé y levanté sus piernas y se la metí por ese húmedo y dilatado agujero. Yo no sabia si después de haberse corrido dos veces a Juan se le había evaporado el libido, pero no pareció así. Cuando se la metí hasta el fondo me miró, sonrió, echó la cabeza hacia un lado, se tapó la boca y se apretó contra mi. Su cuerpo se acercaba y su ano daba la sensación de tragarse mi polla bocado a bocado, sorbo a sorbo. No podía caber en mi de felicidad y excitación.

Me lo follé como si fuera mi última vez en la puta tierra. Mi polla salía y entraba en él sin descanso. Y cuando no podía más paré, la saqué y de dije que se pusiera de espaldas, de espaldas y a cuatro patas.

– Si. Me dijo. Fóllame como en mi fantasía.

Y eso hice. Me puse detrás de él, con la mano le bajé la cabeza hasta el colchón. Le subí la cadera un poco más y se la volví a meter. Esta vez lo hice despacio. Ya le había dado todo el placer del mundo a él y ahora quería mi ración, y la quería a mi manera. Iba a usar su cuerpo y su culo en mi provecho.

Poco a poco, la sacaba casi entera para volver a meterla observando como tu ano la aceptada. No duré mucho. Me corrí de esa manera que parece que tu polla va a estallar, que no tiene caudal suficiente para echar todo ese esperma, todo ese orgasmo.

Fue increíble.

Luego Juan me contó que aullé como un animal. Y lo creo. Cuando terminé, la saqué muy lentamente mientras mi esperma se mezclaba con el suyo y con mi saliva. Y cuando pensé que ya todo había terminado, Juan se volvió rápido como un gato y atrapo mi polla en su boca y comenzó una labor de limpieza que hizo que alcanzará el jodido séptimo cielo.

Fin.

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