Relato porno El amigo de mi novia xxx

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El amigo de mi novia

Categoría: Infidelidad Comentarios: 0 Visto: 7469 veces
Ajustar texto: + - Publicado el 02/07/2013, por: Anonimo

Llevo con mi novia algo así como un año. Es italiana y la conocí cuando ella hacia Erasmus en España. Luego, al acabar el verano, tenía que volver y yo decidí irme a vivir con ella. Desde entonces, obviamente, mi circulo de amistades ha desaparecido y he ido teniendo que adaptarme al suyo.

De entre todos sus amigos, hay uno que me cae especial y extrañamente bien, y es que aunque es muy buen tio tiene una característica que podría molestar a la mayoría de la gente. Bou, que así lo llaman (es de origen Senegalés) es uno de esos tipos muy muy sexuales, descarademente sexuales, de los que silban a las chicas cuando pasan y no paran de hablar de sexo y comer con la mirada… y no se corta un pelo en nada. Y cuando digo en nada puedo concretar en que a mí, el primer dia que nos presentaron, en cuanto mi chica se fue al baño de una cafetería y nos quedamos solos lo primero que hizo fue preguntarme como era ella en la cama. Al principio me transtornó un poco, no me lo quise tomar a mal ya que, quizá de esa actitud tan obsesiva con lo sexual se daba ese efecto paradójico que lo hacia casi inocuo, inofensivo, un personaje gracioso del que comentar cosas y reírse con el que al final la sangre nunca llega al río. No sabía muy bien como salir de aquel momento incómodo cuando prosiguió comentándome las ganas que le ha tenido siempre a mi novia.

– Solo con pensar en su culo se me pone durísima, en serio. Me he matado a pajas pensando en ella, daría lo que fuera por follármela -me dijo, mientras yo no sabía hacia donde mirar ni como reaccionar.

Nunca fui un tipo celoso, y saber de parte de mi novia que este tal Bou no le daba ningún tipo de morbo en absoluto me ayudó a tomármelo de forma muy serena y apacible. De todas formas, la idea de ver a mi pareja teniendo sexo, como teoría, a veces me ha llegado a gustar. Sin embargo es un paso que nunca he estado dispuesto a dar ya que, en el momento en que he intentado exteriorizar esa fantasía, todo lo que en mi imaginación me parecía morboso empieza a provocarme verdadera repulsa.

La cosa es que este chico trabajaba en una playa a unos kilómetros de la ciudad, y lo veíamos muy poco. Una noche que pudo venir, mi chica me sugirió de invitarlo a cenar. Bou aceptó la invitación y preparamos algo en casa.

La cena fue distendida, bebimos vino, reímos con las bromas de Bou, y un rato después de acabar de comer se sacó algo de marihuana y estuvimos fumando un poco.

Entre la música, el alcohol, los porros y una noche de distensión… obviamente acabamos hablando de sexo. Cada uno contó un poco lo que quiso. Fantasías, posturas, experiencias… pero mi novia, que siempre ha sido muy tímida y recatada, apenas se animó a romper esa barrera con un par de, como yo las llamo, “puntas de iceberg” aparentemente inocentes sobre las que siempre suelo intuir que hay algo mucho más sórdido que se calla.

Bou insistió en los detalles de las historias que contaba mi novia, hablando de un modo muy gráfico. El ambiente andaba cada vez más erotizado y caliente, cuando mi chica, que llevaba una falda bastante corta, se levantó en dirección al baño sin darse cuenta de que se le había quedado subida y se le veía todo el trasero.

Esto fue sin duda la llama que encendió la mecha de Bou, que ya estaba bastante incontrolable. Al volver mi novia, ya con la falda en su sitio, Bou se levantó y le contamos entre risas lo que había pasado. Mi novia nos acusó de que, después de hablar con tanta sordidez sobre sexo, nos asustaramos por ver un culo. Bou pidió verlo de nuevo, para demostrarle, según dijo, que puede contenerse. Mi novia me miró riendo, como buscando aprobación, y yo se la di sonriendole también.

Así que mi novia se subió un poco la falda para mostrar su impresionante trasero, pero no lo suficiente como para calmar a Bou que enseguida, agarrándola por la cintura, le subió la falda hasta arriba indicandole como lo había enseñado antes. Mi novia le regañó entre risas y se la volvió a poner bien, y ambos quedaron de pie, mientras yo permanecía sentado en el sofá.

Bou me preguntó por mi primera vez. Yo empecé a relatarlo todo con mucho detalle, pero en algún momento de mi soliloquio me di cuenta de que algo raro pasaba. Mi novia estaba muy roja, sudaba, parecía estar agobiada. Seguí hablando, disimulando, hasta que empecé a sospechar que, por la espalda, sin que yo pudiera ver nada, esa mano escondida de Bou podía estar haciendo algo raro. Decidí levantarme mientras seguía con la historia para comprobar, disimuladamente, si Bou estaba tocando a mi chica para pararlo en seco, ya que además parecía que ella lo estaba pasando mal. Una vez en pie, efectivamente, pude comprobar con más perspectiva que la mano de Bou estaba debajo de la falda de mi novia, palpándole el trasero, mientras me miraba poniendo cara de atento como si nada. Me quedé paralizado, no sabía como reaccionar. Miré a mi novia varias veces. Ella sabía que yo estaba viendo aquello y la primera idea que me cruzó por la cabeza fue pararlo, echar al tio de allí a patadas, pero antes de decidirme volví a mirar a mi novia y vi como su rostro había cambiado ligeramente. Ahora ya no parecía tan incómoda y se reía tímidamente. Bou, mientras tanto, obviamente, se dio cuenta de que había sido descubierto, pero su reacción fue la contraria a lo que yo consideraría sentido común. En lugar de parar, disimular, o poner una excusa para despedirse, permaneció igual, impasible, y… sosteniéndome la mirada, giro la vista para mirar directamente al culo de mi novia, como diciendo: “si si, lo estoy haciendo”.

Fue en ese medio segundo en el que se paró el mundo, justo cuando alguna reacción, aunque ahora no sabría adivinar cual, iba a terminar apareciendo por mi parte… cuando Bou tomo la iniciativa levantándole la falda a mi novia delante de mí y dándole varias cachetadas en el culo.

– Menudo culito tienes aqui tio. Que puta suerte poder follarselo todos los dias.

Miré a mi novia, indignado, y la sorpresa fue detectar el momento justo en que ella se mordía los labios. Si, era inequívoco, parecía estar poniéndose muy cachonda con todo aquello.

– Sientate tio, no estés nervioso- me dijo.

Yo me quedé de pie, miré de nuevo a mi novia, que me miró un poco ruborizada, no se si pidiéndome permiso o perdón. Bou mientras tanto se acercó a ella, puso una mano en su cintura mientras que la otra empezó a deslizarse hacia abajo y a acariciar, sobre el tanguita, el coño de mi novia.

– Bou, tio, que haces? te estás pasando un poco no? -le dije

– Tu tranqui amigo, ¿eh? Voy a enseñarte como hay que follarse este culito.

Tras decir eso, Bou se agachó, levantó una pierna de mi novia que permanecía inmóvil, y retirando un poco el tanga comenzó a darle lamidas en su conchita, aumentando cada vez más la intensidad, hasta que a mi chica se le escapó el primer grito de placer. Fue entonces cuando decidí que ya no podia hacer nada. Me senté en el sofá mientras Bou lamía con insistencia el coño de mi novia. También empezó los dedos, le dio fuertes cachetadas en el culo, y empezó a insultarla. Yo empecé a ponerme muy cachondo. Nunca había podido hacer eso con mi novia, no lo habría permitido. Pero Bou lo estaba haciendo y ella tenía una cara de placer indescriptible. Contestaba con monosílabos a las preguntas de Bou: “¿eres mi putita blanca?”; “¿quieres que te folle fuerte?”, “¿quieres que te reviente?”.

A todo mi novia contestaba que si, con la voz entrecortada, a punto de llegar a su primer orgasmo. Bou volvió a meter la cabeza entre sus piernas, serpenteaba entre su coño, se veía desde mi posición un excelente y brutal trabajo de mandíbulas, mordiscos, aspiraciones, lamidas…

– Me corro… -dice en voz muy baja mi novia.

– Córrete zorra -le contesta él, metiéndole los dedos y provocando que el cuerpo de mi novia se torne en una masa espasmódica, casi gelatinosa.

Hacía mucho que no veía a mi novia correrse así. Pensé que ahí habia acabado todo, sin embargo Bou tenía otros planes. Empezó a sacarse la polla y, cumpliendo con el tópico, tenía una gran polla de negro bajo los vaqueros. Mi novia la miró sorprendida. Me miró luego a mí, que ya estaba sin pantalones en el sofá, empezando a excitarme y a dejar atrás el mal rollo que hasta el momento me estaba dando todo aquello.

Mi novia se metió la polla en la boca. Pensé que sería una mamada larga que acabara con él corriendose en su cara y cerrara este extrañísimo capítulo de nuestra vida. Pero al poco de empezar, Bou la agarró de los brazos, la subió hacia arriba y la cogió en peso, colocandose la polla hasta conseguir introducir la punta. Mi novia, acostumbrada a la mía, que tampoco es que esté mal de tamaño, pero que ni mucho menos era como aquella… empezó a quejarse. Bou desoyó las quejas de mi novia y siguió intrudiciendo su polla hasta que llegó a meterla toda hasta el fondo. Mi novia se quejaba cada vez más, le hacía mucho daño.

– Ahora te dolerá, pero después vas a saber lo que es que te follen y que te corras de verdad.

Las quejas de mi novia iban en aumento. La polla enorme de Bou empezó a entrar y salir enterita del coño de mi novia cada vez más rápido. Se paraba un momento para, agarrándosela por la base, golpear con ella el clítoris de mi novia, y se la volvía a meter rápidamente y hasta el fondo, sin contemplaciones. Mi novia negaba con la cabeza, cada vez más dolorida.

– no no no, ¡me haces daño! Julio ayúdame… -me dijo mi chica, casi suplicando.

Yo no sabía que hacer, más bien no podía hacer nada, estaba paralizado, entre la excitación y la preocupación. Aquello se empezaba a parecer cada vez más a una violación en toda regla.Me acerqué a Bou.

– Tio, le estás haciendo daño, para de una puta vez.

Bou me miró, se quedó quieto de repente y vi como era mi novia ahora la que, sin que él hiciera nada, seguía el moviento de cadera sobre su polla. Bou volvió a la carga, cada vez más bestia. El sonido de sus huevos rebotando en el clítoris de mi novia era cada vez más fuerte. Los gritos de mi novia ya no eran de dolor. Entonces empecé a alarmarme por el sonido. En el piso de frente al mio, a pocos metros, viven unos vecinos árabes, cuatro o cinco árabes que solo paran allí para dormir y que se deben pasar el dia trabajando. Veo como la luz de enfrente se encienden y abren las ventanas para ver que está pasando. Cuando me aproximo a cerrarlas Bou me para.

– ¡Ni se te ocurra! deja que vean como me follo a tu novia.

Para entonces ya es tarde. Mis vecinos están alucinando desde el piso de enfrente. Me ven a mí, con los pantoles por los tobillos y la polla durísima, y sobre todo ven a mi novia, agarrada al cuello de un negro con una polla mosntruosa que la cabalga cogiendola en peso. Decido volver a sentarme. Veo como los vecinos se sacan la polla y empiezan a masturbarse y a grabar con sus teléfonos móviles.

Mientras tanto mi novia se vuelve a correr. Parece estar exhausta. Bou se la lleva al cuarto y yo los sigo. La pone directamente a cuatro patas y le mete la polla hasta el fondo. Mientras se la folla, le tira fuerte del pelo hasta traerse su cara a su altura. Se lamen las lenguas y Bou le escupe en la boca. De nuevo vuelve a su posición y le da cachetadas en el culo, que ya está rojísimo a estas alturas. Mi novia está poseída. Le pide más. Más fuerte.

– Reviéntame -le dice.

Bou le da cada vez más fuerte. El ritmo es impresionante. Mi novia se revuelve y consigue darle la vuelta a la situación. Lo tira mirando hacia arriba sobre la cama y se pone sobre él. Lo cabalga todo lo rápido que puede. Se corre de nuevo. Él la coge del pelo y se levanta. Le mete la polla hasta la garganta, mi novia hace un amago de vomitar, pero no lo hace. Bou se la saca y se la mete de nuevo hasta la garganta, la deja un poco ahí, mi novia aguanta la garganta profunda. Luego ella misma se la saca y agarrándosela por la base se da pollazos en los labios, en la cara, saca la lengua y se la golpea con la polla… sigue chupándosela durante un buen rato hasta que Bou la para.

Yo para estos entonces ya me he corrido y quiero que esto se acabe cuanto antes. Empieza a incomodarme la pasión salvaje que ha desatado a mi novia y que se esté comportando de un modo que conmigo no ha llegado a tener, al menos hasta esos niveles. Empiezo a sentirme humillado. Sin embargo Bou la ha parado no para terminar, sino para seguir de otro modo. La pone de pie. Mi novia es una marioneta que va a donde él la lleva. En este caso cnotra una ventana Se la mete aplastándola contra el cristal que da a la misma calle por la que los vecinos árabes siguen masturbándose y grabándolo todo. Bou le da fuerte de nuevo y mi novia vuelve a parecer estar a punto de correrse. Entonces Bou la tira en la cama, la pone boca arriba y se la mete lentamente. La agarra de las piernas hacia arriba mientras acelera cada vez más el paso, hasta correrse dentro de ella. Fue cuando vi salir aquella polla chorreando, y ver como el coño de mi novia se inundaba de leche, cuando supe que esto no iba a ser algo aislado.

Esa noche Bou se quedó en casa a dormir. Por la mañana al levantarme, ambos estaban en la ducha. Miré y vi a mi novia de rodillas lamiendo su inmensa polla. Desde entonces Bou ha entrado y salido de casa varias veces. A veces cuando llego me los encuentro follando. Siempre corriéndose dentro, diciéndome que por mucho que su novio sea yo, ella es su hembra. Y en algún sentido tiene razón.

Ya solo espero el día en que definitivamente la deje preñada y tenga que replantearme si el que sobra en esta situación soy yo.

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